miércoles, 9 de diciembre de 2015

Conejo blanco
María Dorado

 
 
 
 
Hoy estuve preguntándome por qué, por qué todo. Deberíamos seguir sorprendiéndonos como un niño al ver un globo, o al recibir su primer baño. Al igual que nos sigue maravillando el mago sacando un conejo blanco de un sombrero vacío, no sabemos cómo ha llegado ahí, pero está. Es cuestión de magia.
 
Y yo me pregunto entonces, por qué la gente no se sorprende de que nosotros estemos aquí, que hayamos aparecido de la nada en este sombrero vacío y que fuimos llenando poco a poco. Muchos filósofos se atrevieron a desafiar las teorías y mitos religiosos que solo daban respuestas fáciles al por qué, respuestas inventadas, sin fundamento científico. Ellos fueron más allá, averiguaron que nuestro sombrero era redondo y giraba alrededor del sol, formando parte de un universo. Visto así, nosotros quizá no seamos el conejo, sino minúsculos pelillos de su oreja. Y aun así hay gente que no se asombra de estar paseando por un parque, nadando en un inmenso mar o respirando en lo alto de una montaña.
 
Quizá estemos demasiado ocupados preguntándonos por qué no funciona el wifi. Quizá estemos demasiado habituados a la «normalidad» de vivir en este sombrero negro, porque ya nada nos mueve por dentro, creo que cuanto más mayor te haces, más te adentras en la piel de ese conejo, y perdemos la curiosidad por la vida. Dejamos de preguntarnos y de preguntar al resto.
 
Deberíamos pensar que la única diferencia que existe entre nosotros y el conejo blanco, es que este no sabe que forma parte de un juego de magia…

 
 
 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera



lunes, 16 de noviembre de 2015

Asombro y curiosidad
Martinowsky

http://colaboradoresdech.blogspot.com.es/2015/11/asombro-y-curiosidad-martinowsky.html


Ver la cara que pone un niño cuando algo le produce asombro es una de las escenas que merecen ser inmortalizadas (fotografiadas) para la posteridad. Si ese asombro permanece, en su mente se abrirán ventanas que le sugerirán preguntas. Su casi inevitable "¿por qué?" indica que se está despertando en él algo tan mágico  y maravilloso como la "curiosidad".

Imaginar lo que pasa por su cabeza al ver cómo cambia de color un jugo de lombarda tras ponerle algo de bicarbonato, o unas gotas de limón, o vinagre, por ejemplo, y escuchar su alegre sorpresa acompañada de un "ohhhhhhhh", es el principio de algo muy importante. Con toda seguridad, en algún momento de su vida, lo recordará con nostalgia.
 
Para muchos, provocar ese asombro es la esencia del "educar". Otros, con igual razón, definen la tarea de padres y educadores con una frase, "Educar es preparar para cuando no estés tú". 

Hay quien confunde educar con prohibir en lugar de con guiar. Tienen algo en común pero son cosas diferentes. Y en esa diferencia radica gran parte de su futura personalidad y actitud ante la vida. Un niño puede jugar con muchas cosas, pero no todas tienen la misma importancia. Matar marcianos en una consola no es lo mismo que leer las aventuras de un explorador en la jungla. 

Muchos recuerdan la primera vez que vieron una brújula, o una lámpara encenderse tras ser conectada a una batería de bolsillo. Dicen que todo lo que hacemos en nuestra vida no es más que intentar realizar los sueños que tuvimos en nuestra infancia. O que la diferencia entre los niños y los adultos está en el precio de los juguetes.

Si queremos que nuestros futuros herederos del planeta no sean crueles y despiadados buscadores de dinero por encima de cualquier otra cosa sino alegres seres  creativos y solidarios, debemos educarles bien. Y fomentar la curiosidad es una parte esencial para ello. De lograrlo, tal vez no confundan valor con precio y disfruten intentando alegrar la vida de los demás.

Si lo hacemos, seguro que algún día recordarán la primera vez que vieron un color violeta convertirse de pronto en azul tras ponerle, en un vaso de cristal, un poco de bicarbonato. Puede que lo recuerden cuando les den algún premio por descubrir algo interesante para la ciencia, o útil para los demás. O cuando repitan ese mismo "experinvento" con sus hijos y reciban un premio mucho mayor que el dinero en la forma de una sonrisa asombrada.





 Martinowsky | Filósofo y Escritor


martes, 10 de noviembre de 2015

¡Me olvidé!
Desirée Fernández



¿Cuántas cosas olvidará al acabar el día de hoy?, ¿recuerda dónde dejó sus llaves?, ¿con quién estuvo el fin de semana pasado? Recordar y olvidar son parte de nuestro calendario. Hay cosas que olvidamos fácilmente así como hay otras de las que siempre nos acordamos pase lo que pase, ¿cuál es la razón de esto?

Los motivos del olvido pueden ser diversos, según la investigadora Elizabeth Loftus podríamos hablar  de  cuatro  causas  principales:  fallo  en  la  recuperacióninducciones  (cuando  los recuerdos compiten entre ellos), falta de almacenamiento y olvido motivado (por supresión o represión) a causa de experiencias traumáticas o perturbadoras para el sujeto.
Borramos los recuerdos baladíes que compiten por sobrevivir frente a aquellos recuerdos asociados a un objetivo relevante en la vida de uno/a   y que se asentaron en la memoria a largo plazo. Borrar recuerdos competitivos en el día a día confiere mayor capacidad cognitiva para conservar los importantes.
Por otro lado, el estrés también influye en la pérdida de memoria y en el consiguiente olvido de ciertos hechos. Los problemas anímicos perjudican lo atencional en el periodo de la adquisición de la información, por lo que después nos cuesta recordar.

Galeano introducía uno de sus hermosos textos con la palabra recordar a la cual seguía: “del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. Aquello que recordamos es lo que se nos graba adentro, ya sea por poseer una información relevante para el individuo o por haber significado algo importante en su vida. Quizás un detalle, un lugar…, elementos que pueden parecer insignificantes a priori logran quedarse en nuestra memoria para siempre. En lo referente al ámbito  educativo,  se  afirma  que  cómo  mejor  se  aprende  es  haciendo,  es  decir,  siendo partícipe del aprendizaje, involucrándonos, ya no solo mentalmente si no emocionalmente ya que emoción y aprendizaje van de la mano.

En cuanto a los malos momentos cómo pérdidas, desamores, acontecimientos de gran tensión, etc.,  solemos  querer  que  pasen  y  olvidarlos  por  completo,  aunque  de  ellos  también  se aprende. Como dice el escritor Palahniuk en su última novela, “mejor tener malos recuerdos que no tener ninguno”, o ¿qué pensáis vosotros/as?


Desirée Fernández | Pedagoga



viernes, 6 de noviembre de 2015

Los antiguos griegos
Martinowsky


Parecía que los filósofos griegos estaban ya superados y que sólo decían incoherencias: que si el cosmos se compone de cuatro elementos (agua, aire, tierra y fuego), que si existe un mundo de las ideas y otro real, que si la tierra descansa sobre una tortuga... y cosas por el estilo. Se estudiaban como curiosidades históricas pero sin aplicaciones en la vida real.

Pero resulta que algunas de sus ideas son mucho más modernas de lo parece y su actitud ante la vida puede resultar muy interesante. Filosofía significa amor a la sabiduría pero también es una actitud vital o forma de ser. Los filósofos griegos aspiraban a liberar la humanidad de sus miedos (a la enfermedad, la soledad, la muerte, la pobreza...) . Fueron los primeros que aplicaban  una especie de psicoterapia.

Enseñaban a alcanzar la independencia y la libertad interior, a no hundirse por el dolor, por los fracasos del pasado, por las preocupaciones del futuro o por los golpes del destino. El filosofo debía aprender a mantenerse siempre en el presente, sin preocuparse por el futuro incierto. No era un estado definitivo y duradero sino algo penoso de conseguir, con altibajos y momentos de pérdida de la lucidez. Su concepción del valor de la riqueza debería ser de obligada lectura para muchos de los brokers sin sensibilidad de la Bolsa de New York.

Repasando algunas de sus frases se observa que tienen una enorme utilidad para la vida diaria: “el momento es tan valioso como toda una duración infinita”, y pensarlo es un remedio contra la apatía". “Cada momento de la vida humana merece la pena y es digno de nuestra atención plena”.

Enseñaban el arte de disfrutar de la vida. Tal vez sea conveniente volver a ellos de vez en cuando, y un absurdo quitarlo como asignatura en la formación de los adolescentes.



 Martinowsky | Filósofo y Escritor


jueves, 29 de octubre de 2015

No se supo...
María Dorado


Vamos rodando de la mano, por si acaso crece algo entre la guerra. Pongamos que te pongo la cruz del calendario, vuelo en dos semanas y tú aquí en mi cuello, se nos fue de las manos. 

Hay sed en este viaje y se me abre la boca, como el marinero que sube volviendo vista atrás, con el paro cardiaco de no saber volver. Rechinaba la madera, hace frío aquí para tanto fuego. La primera de la lista con reproducción aleatoria, la almohada era pequeña pero me prestó un cojín, lo más blando en ese barrio de tres calles. Hagamos noche de verano, me sabes como ayer pero mejor, y te pierden las maneras.

El silencio que rompe hasta el gemido de la puerta y ningún escalofrío, mientras entre tema y tema un anuncio de maletas. Rompieron las horas y yo esperando despegar, pero no soplaba nada. No respira el aire entre los cuerpos, el sudor pegaba y así las horas. Jugando a no saber  las huellas, ni el por qué. Las manos quietas y yo a dos palmos, ni una ráfaga de aliento. Un póster de Chaplin, al menos buen gusto. Y ahí me quedo.

Abrió los ojos y allí estaba, como dos amigos en un banco, como el “no te escucho pero hablo” y entre la luz de la persiana se podía imaginar… ¿Dónde está el baño? -Al fondo a la derecha, cuelga la vergüenza antes de salir.
No esperaba más, spoiler de verano con final inesperado, no digo que fuera infierno pero algo así me dio. Como la historia que de niña me contaron, la del coco escondido en el armario. Vuélvete a reír mañana y tarde, con quien quieras, pero esta vez si puedes quiérete más. Que no se note tu amargo.
 
Me crecen los fantasmas, las legañas y los sapos. Reproducción aleatoria, un sostén tirado al suelo y un colchón gastado. Tómate un café que te caliente, yo me voy con la luna, esa sí me escucha.

María Dorado

 
 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera




miércoles, 21 de octubre de 2015

¡Maticemos! (en imperativo)
Zena Santana




Lola rayaba unos garabatos de colores mientras puntualizaba: “esta es mamá, este es el sol, esta es abuela...” El Arte en los niños es tan puro y cándido, ¿verdad? Nosotros, los adultos, resabidos y en posesión de la verdad absoluta, vemos en sus dibujitos rayones sinsentido y espirales que vete tú a saber qué significan.

-Esto tan bonito que has dibujado, ¿es un toro, o es una casa con chimenea? 

-¿Es que no lo ves? Es un “uniconnio”. 

-(...silencio sepulcral...) 

Para ellos, dibujar es su modo de expresión, su libertad, su mundo y su escape, su creatividad libre y auténtica. Los niños se encuentran en ese ciclo de la vida en que todo lo que aprenden les parece fascinante, porque es el primer contacto que tienen con el Conocimiento, y todo lo nuevo les parece apasionante. No tienen miedo “al cambio”, ni miedo “a lo nuevo”. Son arriesgados, porque no conocen aún el concepto “peligro”. También son arriesgados en el aprendizaje: quieren aprenderlo todo junto, a la vez, de un tirón, devorar datos con la misma avidez que se zampan un bollo. Preguntan todo el tiempo “por qué, por qué, por qué”. Zampabollos. 

Todos fuimos niños una vez, y hemos comprobado, en mayor o menor proporción, que es equivalente la medida de ir creciendo a la medida de ir perdiendo la parte romántica de la vida: la candidez se va resquebrajando desde que aprendemos que la vida no es siempre de colorines, sino que contiene grises y a veces negros rotundos..., y es cuando nos damos de bruces contra la realidad y comprobamos que los unicornios, no existen. Ni siquiera los duendes del bosque. Reconocer que estas fantasías, son fantasía, duele. Es un dolor parecido al dolor inesperado en tu dedo meñique del pie cuando se golpea contra la jodida pata de la mesilla: duele mucho. En el alma

Cuando Lola sea mayor, y su dedo meñique ya sea casi insensible a los golpes, probablemente, se hará preguntas del tipo: “¿por qué se me presenta la vida, a veces gris? ¿no debería ser siempre de confeti de colorines, si yo así lo deseo? ¿acaso estoy haciendo algo mal?” En este sentido, todos hemos sido Lola alguna vez. Y en el fondo sabemos que el gris es necesario, y el negro rotundo, también. Los necesitamos. Para aprender. Y aunque no podemos controlar los colores, creo que sí su matiz. Cuando éramos niños usábamos las manos para garabatear todo lo que encontrábamos a nuestro alcance: un papel, un brazo, una oreja, una pared..., y ahora que somos mayores no hacemos garabatos porque podemos usar la Razón. 

Cuando se presenta un problema un martes, el color rosado del lunes se vuelve marrón. Y sí, es un marrón. Pero si nos quedamos mirándolo fijamente y lamentándonos en él, será siempre marrón, o incluso un marronazo. En cambio, si somos capaces de armonizar con él, de mirarlo sin temor, de afrontar por qué se nos ha presentado, y de luchar contra él, quizás se vuelva de nuevo rosado. O quizás sea siempre marrón. Depende. Depende de lo que quieras (o puedas) cambiar. Depende de lo que puedas (o quieras) aprender. No le falta razón al refranero tradicional en la expresión: “depende del cristal con el que se mira”. 

La actitud, el optimismo, los colores y sus matices, la luz, la fuerza... y sobre todo saber aceptar lo gris, las sombras y la oscuridad; disfrutar del aprendizaje y conservar las ganas de aprender, como un niño zampabollos, esa es la clave de nuestra propia paleta de colores. Y seguir creyendo en los duendes, también. 

Postdata: Luego hay quién vive constantemente en los mundos fantásticos y coloridos de Yupi. En fin. 

Maticemos, o el golpe será glorioso.


Zena Santana 



Zena Santana | Diseñadora gráfica y editorial

lunes, 19 de octubre de 2015

Mundo de palabras
Maite Salmerón




Conozco a una mujer que sueña que las frases se le presentan por las noches para pedirle ayuda, los singulares no entienden a los plurales, los sustantivos quieren ser calificados, los sintagmas desean soltar elementos lingüísticos, la síntesis quiere desarrollarse, las frases mudas quieren alzar su voz. Hasta la palabra "pez" se sorprendió cuando ella le confirmó que era un sustantivo o un nombre pero que el pez es el animal que nombramos con la palabra pez.

Ahora a esta mujer le llaman la mujer loca pero es más cuerda que muchos que andan por ahí sin medicación. Ella siente que las palabras son tan mágicas como el agua del planeta. Las palabras encadenadas e hilvanadas con sentimientos armoniosos pueden enamorar como un arco iris en la plantación. Las palabras en lágrimas tristes pueden llegar a provocar amargas inundaciones. Las palabras, como el agua, mueven molinos que pueden matar aunque luego regresen humildes al fondo de la tierra.

Hay palabras que pasan inocentes pero que llegan de las entrañas. Hay palabras que fertilizan la sed del que las busca y palabras que forman nubes de algodón en un niño. Hay palabras que sueltan chispazos enérgicos destrozando con su ego un muy sensible corazón.

Ella, la mujer loca cuerda teme a las palabras que pueden salir de bocas que no reflexionaron antes, aunque entiende que todo no se puede pensar de inmediato. Ella prefiere mimar con sus manos, besar con sus labios, abrazar fuerte a diario y hacer guiños cómplices a todas esas palabras abandonadas.



Maite Salmerón



 Maite Salmerón | Escritora

martes, 13 de octubre de 2015

Discutir
Martinowsky



Hay personas que gritan en una discusión, se enfadan y que llegan incluso al insulto. Cuando surge una discrepancia sobre algún tema, al segundo intercambio de opiniones, elevan el tono de voz y se ponen furiosos. Sustituyen el razonamiento por la descalificación. ¿Qué les pasa? ¿Por qué gritan?

He visto varios programas de debate en la televisión fijándome especialmente en el momento de tránsito de la argumentación al griterío. Las he grabado y visto luego casi a cámara lenta. El tema era lo de menos. Lo que me interesaba era descubrir el momento y la causa de la pelea

En los Diálogos de Platón las conversaciones son un modelo de educación. Pero es como en el cine, que la gente habla de forma artificial y programada. Lo normal en las charlas cotidianas no es eso.

¿Qué hace distinta una discusión de un diálogo platónico?

En mi opinión hay varias causas:

1.- Las interrupciones. Cuando alguien está exponiendo una idea, otro simplemente le quita la palabra directamente. Cree que es más importante lo que él tiene que decir, que lo que está escuchando. El resultado es un corte en la conversación.

2.- Las descalificaciones de las fuentes. A falta de argumentos razonados, alguien intenta atacar el origen de la información de otro. En casos extremos se incluyen expresiones del tipo “no tienes ni idea” , “no te enteras”, “¿en qué mundo vives?” y otras parecidas. 

3.- Las descalificaciones al interlocutor. Este reacciona de forma airada y ya está montado el follón. 

Es imposible ganar una discusión, porque si se pierde, se pierde y si se gana, se pierde. ¿Por qué? Supongamos que triunfas sobre el otro y dejas sus argumentos por los suelos demostrando que está equivocado y que es un perfecto idiota. Entonces, ¿qué? Tú te sientes bien. Pero, ¿y la otra persona? Has hecho que se sienta inferior

En cierta ocasión un niño le preguntó a su padre: "¿Cómo empiezan las guerras, papá?" El padre le respondió: "Por ejemplo, la Primera Guerra Mundial empezó cuando Alemania invadió Bélgica.". Su esposa se apresuró a interrumpirle: "¡Dile la verdad al niño! ¡Empezó por un asesinato!". El marido se irguió con aires de superioridad y dijo bruscamente: "¿Quién está respondiendo, tú o yo?". Volviéndole la espalda enojada, salió de la sala dando un portazo con todas sus fuerzas. Cuando los platos dejaron de resonar en el armario hubo un silencio molesto, hasta que, por fin, el niño exclamó: "Ya no hace falta que me expliques cómo empiezan las guerras, papá. Ya lo sé. Por discusiones".

Discutir lo hacemos todos, a veces sabemos lo que es salir de una discusión con la boca seca, un nudo en la garganta, la cabeza caliente y dando vueltas, con pesar en el corazón, arrepentidos y sintiendo remordimiento por las palabras ásperas que hemos dicho.

Benjamín Franklin llegó a ser uno de los hombres más queridos, sabios y diplomáticos de la historia de EE.UU, y de hecho se le recuerda por haber afirmado: 

"Si discutes, contradices y causas rencor, es posible que a veces triunfes. Pero será un triunfo vano, porque nunca te ganarás la benevolencia de tu oponente. Nadie gana jamás una discusión. Uno puede gritar, chillar y discutir hasta ponerse morado, pero nadie creerá que tiene razón si no quiere creerlo, y aunque puede que a los demás les hubiera gustado estar de acuerdo, es posible que el tono de la voz de uno los hubiera puesto tan a la defensiva que equivaldría a una humillación y derrota total en el campo de batalla confesar que uno tiene razón aunque fuera en parte". 

Como resumen, se sabe que, aunque parezca mentira, las discusiones destruyen más hogares que los incendios y los fallecimientos y se dice que, en una discusión, los únicos que realmente escuchan son los vecinos.


Martinowsky


 Martinowsky | Filósofo y Escritor

jueves, 8 de octubre de 2015

Spoilers
María Dorado




  El destripe de una parte importante de una película, serie o libro no es plato de buen gusto. Es bien sabido que la gente huye cuando ve o lee la palabra “spoiler” en algún medio o red social. Espero que el título de esta entrada no os haya condicionado a su lectura, simplemente quería comentar lo paradójica que es la vida y lo curioso que es el ser humano cuando quiere.

Un spoiler provoca decepción, frustración, desilusión porque nos fascinan las sorpresas, el sobresalto de algo nuevo, diferente. El ser humano vive de emociones y son esas inquietudes las que nos mantienen vivos, despiertos.

Entonces yo me pregunto, ¿Si no queremos spoilers de historias ficticias por qué algunos ansían conocer spoilers de su propia vida? Es algo tan contradictorio y disparatado que me abruma. Qué vida más aburrida y tediosa al saberlo todo, aunque sea mentira. Vives condicionado por ese chivatazo, ese destripe por el cual has pagado y a demás agradeces.

Si tan desesperante y soporífero es saber lo que va a pasar en una película de hora y media, imagina saber lo que ocurrirá en los años y años que te quedan de vida. Qué aburrido conocer a los protagonistas, los secundarios, dónde vas a trabajar, cuántos hijos tendrás, a qué edad vas a morir… Qué estafa de vida y de película.

Si quieres frutos, planta semillas. Todo lo que se siembra a lo largo de la vida, es lo que cosechamos al final de ella. Porque la mejor manera de predecir el futuro es creándolo, tómate tu tiempo para oler las rosas, los tulipanes, el futuro siempre espera, no te adelantes. Disfruta de tu historia, deja que la vida te sorprenda, disfruta de ese último trago, del bol de palomitas, no le pidas más de lo que ya te está dando.

Lo bonito de imaginar y dejarse sorprender, de eso se trata.



 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mano de santo
Maite Salmerón




Voy a injertarme varias nacionalidades. Un popurrí de razas y ascendencias. La más increíble mescolanza. Aún sueño con ser rusa, judía, negra, bereber...¿Y algo más? Con ser hombre. Sí, señor. Voy a implantarme un cuerpo de jota, el brazo de un gitano, el corazón grandísimo de un indio sioux y una cabeza de turco, como la de aquel chalado que miraba mi culo cuando exponía mis textos una vez terminados mis estudios. O mejor, la de un centroeuropeo de la primera mitad del siglo XX. A ver si aprenden

Así, todos los días del año serán el día del orgullo de alguna de mis muchas especies, y yo, como un pavo real, saldré por el barrio a mostrar mis variopintos brotes corporales. Esto de aquí me salió en China. Eso de ahí abajo me lo pegaron en Murcia. ¿Y esto? Ah, ni idea de donde viene... No soy de ningún sitio y soy de todas partes. Y como dicen que las verdaderas raíces de nuestra existencia están en el lenguaje, aprendo idiomas con ahínco para que mis rizomas lleguen hasta el cielo

Quiero fundar el más caótico de los bancos de semen que haya existido jamás. Un banco de esperma en el que las noruegas, como yo, se lleven tubitos procedentes de la Provincia Ultramarina de Angola. Las catalanas, como yo, simiente certificada del centro de la Península Ibérica. Denominación de origen, La Meseta. 

¿Y las valenciano-murcianas, como yo misma? Calma. Habrá para todas. Así tal vez ya a nadie se le ocurra pavonearse de que su cultura es la más antigua del planeta. O de que su recontratatarabuelo tenía sangre azul. A ver si con buena voluntad y una pizca de sentido del humor acabamos con el nacionalismo, que es una vergüenza nacional, con el racismo, que es un asco, y con el clasismo, una de las mayores lacras de la sociedad. Solo una duda. ¿Qué hacemos con los demás fanatismos?




Maite Salmerón




 Maite Salmerón | Escritora



lunes, 28 de septiembre de 2015

Kant y los niños
Maite Salmerón




  Si Kant hubiera tenido hijos, otra crítica de la razón hubiese demostrado. No se casó, ni parece que sintiera inquietud, necesidad o carencia alguna en relación con el eterno femenino. Dos veces estuvo a punto de contraer enlace matrimonial, pero ambas ocasiones se malograron sin que sepamos muy bien si fue debido a que lo pensó demasiado o demasiado poco. Sin embargo, se sabe que fue un excelente educador entregado a su función docente. Amaba contactar a diario con gente joven a la que le entusiasmaban su vigor y generosidad intelectuales.


Cuando pasamos irreversibles procesos desilusionados con la vida en los que trepamos por las aristas escarpadas y angulosas de una montaña hostil, muy expuesta al azote de los vientos, urge anclarse a algo. La escritura ayuda. Es una forma de morir y volver a renacer, me dijo Martín. Pero prefiero rodearme de niños. Solo ellos emocionan mi alma. Solo ellos provocan mi apariencia de la felicidad, lo que salta a la vista, lo evidente, lo sensible. Sus miradas limpias, sus sorpresas ante lo desconocido, sus abrazos. Todo en ellos es ilusión.

Y veo a mi sobrino Pau descalzo siempre, salvaje, libre, luchando por intentar ser el malo y el fuerte. Todo lo escala, todo le sorprende. Y veo a Silvia, adornando su mundo de bellas princesas en rosa. Todo lo observa y lo transmuta como si se expresara en lírica. Adoro a Marcos, bello y fuerte como Apolo. Su risa es pletórica y sincera. Expande su energía igual ante una canción, un aspirador o un gato. Tomás se destornilla cuando descubre mi absoluta negación jugando al futbolín mientras Carme me maquilla las uñas una y otra vez. La abrazo, le gusta. Anita, bellísima, utiliza más la inteligencia que la fuerza bruta. Se enrabieta ante lo desconocido. Luego, reflexiona y se enorgullece del éxito conseguido. Inés, sincera y poeta, adora que adorne su mundo con cuentos y mil historias.

Yo soy creyente a pies juntillas de los niños que adornan mis montañas hostiles con sonrisas y carcajadas. Me parece indigno creer razonablemente en otra cosa. A pesar de tanta mierda, siempre hay razones para conseguir esos instantes de felicidad. Por eso estoy aquí, mirándolos y echándolos de menos.




Maite Salmerón




 Maite Salmerón | Escritora



jueves, 24 de septiembre de 2015

Primero derecha. Más allá
Irene Rodríguez




Quiero ser capaz de estar sola, encontrarlo nutritivo,
no una simple espera”
(Susan Sontag)

El día que la señora del Primero Derecha borró el nombre de su marido del letrero del buzón fue arropada por toda la comunidad. Era un hombre muy querido. Y aunque ni su hijo ni nadie de su entorno se acuerde, el Señor Fernández fue enterrado en una ceremonia íntima y emotiva el verano de 2009.

Mamá, en el colegio dicen que si mi padre está muerto es imposible que hable con él por teléfono.

- Te dije que no debías contarle a nadie lo de las llamadas.

- ¿Entonces? ¿Es posible o no?

- Cariño, eso depende de la tarifa que tengas contratada.

El primer domingo de cada mes reciben una llamada del más allá. Lo hacen en el móvil que esconden en una pequeña caja bajo el azulejo suelto de la cocina. Es una conversación de menos de dos minutos. Nunca deben superar esa barrera temporal. Se acostumbraron pronto. El niño contesta: “ El colegio bien. Mamá también. Que no, que no tengo novia.”. La mujer contesta: “La casa bien. El niño también. ¿Pues qué me va a pasar? Me siento sola.” A veces al crío le da tiempo a preguntar si en el más allá se puede volar o si hay patatas fritas de bolsa. La mujer calla lo que realmente piensa: nunca volverán a verse.

Ni madre ni hijo saben donde está el más allá. El gobierno prometió revelarlo en el momento en el que el índice de peligro fuese cero y pudiesen volver a reunirse todos bajo una nueva identidad. Será entonces, tras esa resurrección inicial del padre a los ojos de su hijo, cuando confesarán por fin que papá está vivito y coleando. Que tuvo la suerte de convertirse en el único testigo del peor ajuste de cuentas que haya presenciado la capital desde que existen archivos criminales

- Mamá, en el colegio me han dicho que eso de la tarifa es un cuento, que con los muertos no se puede hablar aunque tengas llamadas y datos ilimitados y que…

- Te juro que como vuelvas a sacar ese tema te mando con tu padre al más allá.

Hace tiempo que la señora del Primero Derecha empezó a estar sobrepasada. Mientras su marido viaja por el mundo con su cara nueva y un nombre exótico, ella sigue siendo la solitaria viuda de Fernando Fernández. Pero las directrices gubernamentales eran claras: ningún contacto durante el primer año, pasar el duelo de la manera más expresiva posible y ante preguntas incómodas que respondan las lágrimas. Ni Meryl Streep lo hubiera hecho mejor. Ya querría ella ver a la propia Meryl aguantando el papelón durante dos mil ciento noventa días.

Incapacitada para la soledad y la espera, harta de poner a punto las lágrimas amarillas oxidadas por el tiempo siempre que alguien le recuerda su desgracia, acude cada lunes a la Oficina de Secretos del Tercero Derecha. Se asegura de que su secreto está a buen recaudo y suplica que le dejen echar un vistazo a los demás documentos clasificados del edificio. Necesita conocer los reveses, bofetadas y cicatrices que esconde tan impecable fachada. ¿De verdad sus vecinos son tan ideales?

Nunca obtiene respuesta. Así que espera.

Sí. Espera.

Lo hace alimentando su rutina con la esperanza de asistir a un cruel asesinato que le premie con una nueva identidad y un billete a miles de kilómetros de allí. Pero, como le dice siempre al Señor B cuando coinciden en el descansillo: “En este barrio nunca pasa nada de nada ¿no cree?”.



Irene Rodríguez




 Irene Rodríguez | Colaboradora de Dech



viernes, 18 de septiembre de 2015

Incalculable valor
María Dorado




  Un niño de 8 años llega a casa triste, con preocupación sobre algo que le ha ocurrido en la escuela. Su padre al ver su rostro cabizbajo, le pregunta al instante:
-Hijo, ¿estás bien?
-Papá, un niño de clase me ha dicho que su reloj es mejor que el mío…
-Y eso ¿por qué?
-Dice que su padre se lo trajo de Nueva York y es muy caro…
- Dime una cosa hijo, ¿el reloj de ese niño tiene las mismas horas que el tuyo?
-Sí, tiene 12.
-¿Las agujas del reloj giran en la misma dirección que el tuyo?
-Sí…
- Entonces tu tiempo vale igual que su tiempo en cualquier parte del mundo. Se podrá comprar mil relojes, pero jamás podrá comprar más horas del día.
- Pero papá, entonces… ¿Por qué dice que es mejor que el mío?
-Porque valora las cosas por su precio y no por su significado...

Etiquetamos a las personas entre ricos y pobres, por su valor en dinero. Por lo que llevan puesto, por sus pertenencias materiales, si tiene más o tiene menos… Sin saber que solo son prejuicios y valores falsos que nos imponen e inculcan desde pequeños. 

La televisión, la publicidad, los mensajes subliminales a todas horas nos explotan en la cara con las mejores marcas... “Tanto tienes, tanto vales”, ese es el lema de este mundo actual capitalista, clasista y superficial en el que vivimos. Así nos han enseñado y así se originan las guerras de clases, los desprecios, el racismo.
Esa mujer despechada, que solo cruza dos palabras con su marido en casa, pero se funde la tarjeta de crédito en bolsos, zapatos, vestidos, joyas, para llenar ese vacío y buscar la felicidad en lo material. 

Algún día espero que la gente entienda que las cosas que sobran no pueden llenar el vacío de las que faltan. Porque luego ese niño crece y se transforma en un incompetente cínico y materialista que se cree mejor que tú por llevar un Rolex. Solo hay que dejar de valorar las cosas por su precio y empezar a valorarlas por el significado que tiene en ti.


Los pequeños detalles y no las grandes cosas... De eso se trata.


 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera




viernes, 11 de septiembre de 2015

El mundo al revés
María de la Cruz Rubio




Pongámonos en el lugar de un geógrafo o de un cartógrafo que quiere hacer un mapa mundo. Nuestro planeta es una esfera achatada por los polos, un geoide. Si tomamos una naranja, la pelamos e intentamos extender su piel para formar un rectángulo, comprenderemos que la tarea no es sencilla. La realidad no puede estar ahí sin deformarse un poco. Para representar la superficie de la Tierra se utilizan proyecciones, que intentan reflejar el área, ángulos, formas y distancias. Existen más de 400 versiones de lo que es nuestro mundo y ninguna representa la realidad de manera precisa, alguno de esos aspectos tiene que quedar por el camino, dependiendo de la finalidad del mapa. 

El mapa que todos conocemos, el que estaba colgado en la pared de cada escuela, es el Mapa de Mercator. Fue una proyección pensada para la navegación marítima, que presenta dos deformidades principales: 

- En primer lugar, estira los polos en horizontal para que ocupen todo el mapa. Para no perder la forma de los continentes, estira estos en vertical también. Es útil para la navegación, ya que permite trazar los rumbos como una recta. Pero supone una modificación del tamaño de cada territorio

- En una modificación posterior al original mapa, la línea del ecuador no se sitúa en el medio, sino bastante más al sur. Se recorta el mapa por abajo, donde la única tierra que encontraremos será la Antártida, una zona que no se va a utilizar en algunos contextos. Esto desplaza territorios del hemisferio norte, que aparecen más centrados de lo que realmente están. 

Esta proyección ha sido muy criticada. El motivo es que al ensanchar la zona del norte y darle prioridad, los continentes pierden sus proporciones. Estamos contemplando un mundo donde Groenlandia ocupa casi el mismo espacio que África (que en la realidad es 14 veces más grande), o donde la extensión de Europa y Sudamérica aparentan ser similares (y el segundo tiene 7000 km² más). Sitúa en el centro del mundo a Norteamérica y a Europa, dándoles mayor espacio que el que en realidad ocupan, algo que en un mundo eurocentrista y de dominación estadounidense fue visto con buenos ojos y por ello este fue el mapa elegido para colgar cada pared de cada colegio. 

En 1974 Arno Peters hace su propuesta, una modificación de la proyección de James Galls de 1885. Peters criticó el mapa de Mercator por perpetuar una idea occidentalcentrista de la realidad geográfica del mundo. Tomó la versión de Galls, un clérigo astrónomo que proyectó la esfera celeste a papel y, usando la misma técnica, hizo lo mismo con la esfera terrestre. 

Peters era cineasta y especialista en Historia y Propaganda Política. Es curioso que una persona que no provenía del ámbito científico vendiera su mapa tan bien, tanto que la ONU y muchas ONGs lo definieron como “solidario”, por respetar las dimensiones de los países y los continentes, dando el espacio que corresponde a África o Sudamérica. Pero también se criticó duramente por parte de la comunidad cartógrafa, que lo consideraba más ideológico que científico, ya que modificaba las formas de los continentes para mantener su tamaño. Si lo observamos nos resulta extraño, los continentes están estirados y no se corresponde con lo que podemos ver en un globo terráqueo o en una vista de nuestro planeta desde el espacio. 

La proyección de Gall-Peters tiene la virtud de darnos una visión diferente de nuestro mundo, relativizarlo y contextualizar las representaciones del mismo. Hay voces en los países del hemisferio sur que defienden un mapa dado la vuelta, donde el sur se encuentre arriba y el norte abajo, un mundo al revés. ¿Por qué no? 

Hoy las escuelas tienen recursos digitales para pueden incluir la multidimensionalidad en la representación de la realidad. Aunque a veces todo es tan sencillo como comprar un globo terráqueo.


María de la Cruz Rubio


 María de la Cruz Rubio Técnico de Formación & Formadora


viernes, 4 de septiembre de 2015

Dos de azúcar en el café
Desirée Fernández




¿Cuál es la segunda bebida más consumida en el mundo? Pues no es otra que la del oro amargo llamado café (la primera es el agua). Se dice que el café fue descubierto por las cabras. Como lo leéis, un pastor comenzó a preocuparse al ver que sus animales se comportaban de una forma muy extraña, estaban muy alterados e hiperactivos. Un día se dio cuenta de que las cabras comían unos frutos pequeños y oscuros que podían ser los causantes de ese comportamiento, por lo que decidió probarlos y entonces experimentó su efecto

Existe otra leyenda que cuenta que el café era considerado “la bebida del demonio” por lo que algunos fanáticos pidieron al papa del momento que lo prohibiera. El pontífice antes de ejecutar dicha orden, lo probó, y tras saborearlo dijo: “Es una bebida tan deliciosa que sería un pecado permitir que solo la bebieran los herejes”. 

Para gran parte de las personas, empezar el día sin una buena taza de café parece inconcebible. Ya sea por la cafeína o por su efecto psicológico (que nos vuelve adictos), tomarse esta bebida al empezar el día como costumbre provoca que en su ausencia nuestro comienzo de la jornada se trunque. Según el doctor Marc Leavey, “empezamos a sentirnos mentalmente más despiertos unos 30 minutos después de tomar café, aunque estos efectos desaparecen a las pocas horas” Pero como en todo, no hay que abusar de ello, ya que el exceso de cafeína puede sobrecargar nuestro sistema y hacernos perder esa capacidad de concentración provocandonos nervios y ansiedad. 

En Europa, al principio de su llegada, se le comenzó a llamar “el vino árabe” debido a su historia lingüística. La palabra “café” proviene originariamente del árabe "qahhwat al-bun" o “vino del grano”. Esto pasó a ser “qahwah”, que se transformó en “kahveh” en Turquía y, al final, se convirtió en “koffie” en holandés y “caffe” en italiano. Este “vino árabe” solemos tomarlo en una taza, la cual sostenemos con un platito, pero ¿cuál es el origen de este acompañamiento? Parece ser que en torno al siglo XVIII, la gente solía beber café del platito que ahora simplemente se usa para sostener la taza y la cucharilla. En aquella época, estos platos eran bastante más hondos, y su superficie amplia hacía que el café se enfriara mucho más rápido. Por lo que el platito hacía de sustituto a los soplos que damos ahora al tener entre nuestras manos la taza con el café recién hecho. 

Muchos son los usos, a parte del alimentario, que se le dan al café. Por ejemplo, existen diversos artistas que emplean el café en sus distintas formas para hacer obras (Giulia Bernardelli, Zach Yonzon…); se utiliza como fertilizante en jardines gracias a su alto contenido en nitrógeno; sirve como “herramienta” socializadora al reunir a personas con la excusa de “¿Tomamos un café?”; también como estimulador sexual o como vía de solidaridad con el café –sospeso- nacido en Nápoles y extendido internacionalmente en la actualidad. El café sospeso (pendiente en italiano) consiste en dejar un café pagado para otra persona que lo necesite y no pueda pagarlo. 

Amado por muchos y repudiado por otros, el café sigue siendo el rey de la sobremesa, y como dijo el gran Groucho Marx: “Todo el mundo debería creer en algo. Creo que voy a tomar otro café”.


Desirée Fernández Corrales



Desirée Fernández | Pedagoga



miércoles, 2 de septiembre de 2015

El sentir de un ser inerte
María Dorado




Clara, sutil con un leve soplido, o pesada como los lunes por la mañana, tenue y pasiva, silenciosa y hasta a veces juguetona, útil en su maniobra, sencilla e incluso maleable. Desconocía el motivo de su existencia, algunos la usaban para hacer daño, otros simplemente tropezaban ante su distracción.

Nunca entendió por qué despertaba tanto malestar, rencor o incluso tristeza en algunos individuos. La pateaban y descargaban en ella su impetuosidad haciéndola añicos. Se perdía en fragmentos muy pequeños que, luego algún otro, usaba para cualquier otro juego divertido en el que perdía o ganaba y, otra vez, extraviada entre tanta confusión. No podía encariñarse con nadie, porque nadie le hacía sentir dichosa. Su forma arbitraria cambiaba sin cesar, ni ella misma se reconocía entre la turba constante de paseantes, que hacían de ella un ser desvalido y desarmado.

Una mañana, cuando el alba se entintó de rubí, un hombre la tomó con sus manos, acarició el alabeo de su figura y guardó con mimo en una caja de latón. Una caja llena de siluetas tan peculiares y afines a ella. De muchos colores, de tacto desabrido o sedoso y tamaños dispares. Entre tanto daño sufrido con los años, se sentía a salvo. La contradicción de estar encerrada y sentirse libre era un sentimiento que nunca habría imaginado palpar. Sus otras compañeras de viaje en cambio, estaban atemorizadas. Chocaban unas con otras para llamar su atención, pero nunca imaginarían que su destino final sería cuanto menos sorprendente.

Sin saber cómo, Clara se fundió entre sus compañeras formando un todo. Ella era bella por sí misma, pero aquello era pura divinidad. Un conjunto de finura y perfección que unas manos habían tallado con tanto cariño como aquel que nunca había recibido. Clara por tanto, entendió que la diferencia no estaba en ella, sino en el hombre.

El que anda distraído, tropieza con ella. El violento la utiliza como un arma peligrosa, el niño la usa como un juguete, el campesino para descansar sobre ella y el emprendedor para hacer la escultura más linda jamás vista. 

Porque no existe piedra en tu camino que no puedas emplear para tu propio crecimiento, solo hay que darle un sentido, el tuyo.  


María Dorado

 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera




lunes, 31 de agosto de 2015

Una dieta variada
Elena Gromaz




¿Por qué todas las dietas tienen en sus platos ingredientes diferentes cada día?

Pongo como ejemplo los desayunos de esta dieta que he encontrado navegando por Internet:

Lunes: Leche con malta y miel, tostada con mantequilla y zumo natural. Martes: Leche de soja con azúcar moreno y magdalena integral. Miércoles: Yogur con cereales integrales y fresas. Y así cada día algo distinto.

De esta manera, completas la semana sin repetir ningún alimento. Qué rico, ¿verdad? Posiblemente pienses que es estupendo variar.

No te cansas, ni se te hace monótono llevar una dieta saludable.

Ahora que se acaba el verano algunos, casi como siempre, nos llevamos (me uno a las estadísticas) unos kilos de más. Algo que se repite en los días de fiestas y celebraciones.

Volvemos a casa, a nuestras vidas y rutinas diarias.

Niños al cole. Primeros días de fábrica, oficina, tienda o en nuestra propia casa.

Comienza una nueva etapa allá donde estemos.

Llega Septiembre. Es un mes de nuevos propósitos. Similar al año nuevo. Decides empezar a renovar, tirar, recoger, reciclar y cambiar.

Empezarás mirándote en el espejo y  frases como esta  pasaran por tu cabeza:

- ¡Vaya, qué morenita estoy! -Exclamas presumida. - ¡Mira qué pelo! Tengo que ir a que me lo arreglen. Después de tanto sol y mar parece el de una sirena varada.

Hasta aquí todo aceptable. Te pesas y...

Ahora lo liviano se ha vuelto un peso aplastante: el tuyo.

Dos, tres o cuatro kilos de más. El fin del mundo. No te cabe el uniforme, y no porque hayas crecido como tus hijos.

No te pasan los vaqueros por la cadera y las camisetas parecen de tu amiga finísima que parece un palo: "la palo". La cual por más que coma, no engorda un gramo y es que dice que tiene estrés.

Entonces piensas: ¡Yo sí que estoy estresada ahora, que la báscula me acaba de dar el día! ... Y así puede ser el inicio de lo que viene a ser el regreso de las vacaciones.

La vuelta a casa empieza con incluir un elemento más a la lista de tareas pendientes: los ingredientes para una buena alimentación. Por supuesto, te has informado. Has leído mucho.

Estás documentada y escoges una dieta equilibrada y pensada especialmente para ti, la de tu prima "La flaca", que junto a la de "la palo", esta vez sí que consigues quedarte igualita que ellas.

Resuelves: "Como tengo el estrés post vacacional, en una semana, ya estoy lista".

En esta dieta, elaborada concienzudamente por profesionales, cada día es diferente. Claro, si no, es más fácil de abandonar.

Cuando vas al súper a hacer la compra, descubres que entre champiñones, verduras, productos integrales, más verduras y delicatesen dietéticos varios, se te va la mitad del presupuesto de la vuelta al cole. (De ahí  mi indignación por la variedad de alimentos en los platos).

¿Será preciso comer algas con espaguetis el martes, escarola con tomates y pasta integral el miércoles y sorpresas de desayunos diarios? ¿No es más sencillo lechuguita con tomate y pepino de toda la vida con lo que sea, sin aceite ni pan, todos los días?

Finalmente, tomas una decisión: de la dieta, harás todos los días el martes.

Se lo comentas a tu prima para que se lo estudie y ya, si eso, que te la adapte a tu gusto.

Porque, claro, eso de tener tanto estrés da una pereza...


Elena Gromaz


Elena Gromaz | Escritora e Ilustradora