miércoles, 29 de abril de 2015

Cariño profesional
Helena Pallarés









Después de la Segunda Guerra Mundial, los huérfanos alemanes fueron internados en instituciones públicas. En dos de ellas sucedieron cosas que dieron mucho que pensar a los científicos. 

En uno de los dos orfanatos había una cuidadora que sentía verdadera vocación por su trabajo, charlaba con los niños, los acariciaba, jugaba con ellos y les hacía reír. En el otro, una cuidadora que resultaba ser todo lo contrario. Cuando ésta última dejó su puesto, la cuidadora del primer orfanato fue trasladada para cubrir su puesto. 



El resultado de este cambio quedó registrado en los gráficos del crecimiento de los niños mostrando algo sorprendente: los niños del primer colegio, que hasta ese momento habían crecido de manera normal, dejaron de hacerlo y, los del segundo, que mostraban una altura menor de lo normal para su edad, empezaron a crecer. 



Desde entonces se sabe que el factor de crecimiento (CFG) está directamente relacionado con la calidad de los cuidados durante la infancia, las caricias y el cariño que recibe el niño y no solo en factores de sobra conocidos como la alimentación o la exposición al sol.

Uno de los casos más conocidos es el de J. M. Barrie, el autor de Peter Pan, que escribió su obra más célebre inspirándose en su propia niñez. El escritor dejó de crecer porque su madre, inmersa en una depresión tras la muerte de su hijo primogénito, no era capaz de mostrarle ningún tipo de afecto maternal. Aferrándose a la idea de mantener vivo el recuerdo de su hermano mayor, intentó ser un niño durante toda su vida, reflejando su propia historia en el magnífico libro.

Las consecuencias de la falta de afecto permanecen durante toda la vida y tienen efectos sobre la salud. Quizás en un futuro existan “amadores profesionales” cuya función sea mostrar cariño a personas necesitadas de afecto. Incluso podría ayudar a solucionar en parte el problema del paro. Lo difícil sería fijar el precio de la tarifa: ¿por caricia, por verso o por sonrisa?


Helena Pallarés 



 Helena Pallarés | Ilustradora y Diseñadora Gráfica



martes, 28 de abril de 2015

Aprendizaje colaborativo
María de la Cruz Rubio






  La reciente película “The imitation game” se centra en la figura del matemático Alan Turing, narrando el trabajo que desarrolló durante la II Guerra Mundial para descifrar los códigos alemanes, especialmente los de la máquina Enigma. Pero la Historia (con mayúscula) incluye a otras muchas personas que participaron en aquel proyecto y que, sin embargo, la historia (con minúscula) que nos cuenta la película no destaca en su justa medida. En Bletchley Park, la instalación militar donde se desarrollaba la labor de descifrado, trabajaba todo un equipo de científicos y matemáticos sin los cuales Turing no hubiera podido llegar a sus resultados.

Turing trabajaba en equipo y sabía de la importancia de éste en el desarrollo científico. Podemos nombrar por ejemplo a los siguientes colaboradores: Gordon Welchman en Bletcheley Park; todo el equipo de la Universidad de Manchester, al que Turing se incorporó y que acabó creando la Manchester Mark 1, la primera máquina de computación; o Norbert Wiener, junto al que trabajó en el desarrollo de la cibernética. El trabajo de Turing fue siempre cooperativo, basado en el aprendizaje conjunto.

En demasiadas ocasiones el mérito individual de una persona se impone a los logros grupales imprescindibles para alcanzar los objetivos. Ocurre en el deporte donde se homenajea a un ciclista, a un baloncestista o a un corredor de Fórmula 1, aunque todos sabemos que sin un equipo detrás no podrían ser lo que son.

Lamentablemente en las escuelas también priman las calificaciones individuales, los trabajos personales y por supuesto los exámenes no se pueden realizar cooperativamente (a eso se le llama “copiar” y está altamente castigado). Sin embargo, existen muchas ventajas en el aprendizaje colaborativo en el aula:

  • Fomenta el aprender a aprender. Los alumnos construyen su propio conocimiento a través de la interacción con sus compañeros y la búsqueda de soluciones. De este modo logran un aprendizaje significativo.
  • Genera interdependencia positiva, mejora las habilidades sociales, aumenta la autoestima y es motivador.
  • Refuerza la autonomía individual ya que cada uno se hace responsable de una tarea para el grupo, reforzando la atención a la diversidad, al ayudarse unos a otros.
  • Promueve valores como la responsabilidad, la comunicación, la solidaridad y el trabajo en equipo. Los estudiantes comparten la información y aprenden a autoevaluarse y a realizar una crítica constructiva.

La mayoría de las organizaciones saben que el conocimiento se construye entre todos, que el talento y el trabajo de una persona por sí misma es importante pero que la sinergia se produce en el equipo. ¿Y qué es la sinergia? Lo que nos dice que el todo es mayor a la suma de las partes. Que lo que sé yo y lo que sabes tú, si lo juntamos, dará un resultado muy superior a la mera adición de conocimientos.

“La razón de la investigación en colaboración es el sinergismo de dos o más cerebros que trabajan hacia la solución de un mismo problema”. Peter Brian Medawar.

 María de la Cruz Rubio 






 María de la Cruz Rubio | Técnico de Formación & Formadora

Momo en el acorde último del laúd
Zena Santana






Aquel hombre no era normal. Lo supe porque sentí un terrible escalofrío cuando me miró con aquellos ojos de loco. Me derrumbó sin tocarme. Pero enseguida me sonrió, haciendo una extraña mueca y me dijo, tendiéndome su mano: “El diablo intentó raptarme una vez, pero no eternamente”. Y me levanté con una sonrisa. Era una frase genial (de genio). Y mi terror inicial se esfumó, como él, entre la multitud, cabizbajo y arrastrando los pies… hasta que desapareció en la distancia. Seguramente ya no me recordaba, ni recordaba lo del día anterior; se fue así, solo, con su mundo en su cabeza y su futuro incierto. No sé si me dio pena, lástima o envidia. Él tenía su mundo, que no era el mío.


-Al menos tiene un mundo propio.- pensé.- Y no un mundo común, ni cincelado por normas, ni horarios, ni dramas, ni basura occidental.


Pensé que quizás su mundo era de colores que no he visto, ni veré jamás. Su mundo estaba lleno, seguramente, de figuras ondeantes, danzantes al son de una ópera atonal de Schönberg, y olor a naftalina. Me pareció fascinante todo aquello. Y tuve gran curiosidad. Y me dispuse a investigar. Porque yo sabía que aquel hombre, no era normal.


Y leí que ya en la Antigua Grecia se creó el concepto de pathos como todo aquello que siente o experimenta el alma sensible, así como padecimientos ligados a la psyché. Y en la Tragedia Griega aparecían Casandra, Orestes, Ío... como personajes locos. ¿Poetas locos? Muchos a lo largo de la Historia: los enfants terribles del Arte. También las monomanías de Théodore Géricault; las pinturas negras y locas de Francisco de Goya, Séraphine Louis, Munch y sus gritos, la colorista Aloïse Corbaz, Louis Wain y su arte gatuno. En Música, Syd Barrett y su no-percepción de la realidad. Y así un sinfín de locos maravillosos. Éste era uno de ellos.


Y descubrí así, que el genio y la locura son hermanos, nacidos de una misma raíz (una raíz muy puta, eso sí… porque busca padre de manera aleatoria). Y así es como florecen Genio y Locura, para vivir eternamente de la mano y hacer trastadas y gamberradas, y para crear. Definitivamente, nacen para crear. El genio crea. Y la locura también. Nacen para crear música en un mundo de sordos. Pero… esa música, si no es escuchada (o escuchada por sordos)… ¿es real? Es decir... si Nadie la escucha, ¿existe? Rotundamente: Sí. El proceso creativo no entiende de propósitos finales, ni de ganancias, ni de derechos de autor. El proceso creativo sale, asoma la cabeza, mira a un lado y a otro y decide irrumpir de manera violenta, como cuando picas hielo y salpicas todo alrededor. Es violento, pero necesario.


Entonces, me pregunté si todo genio está loco o si todo loco es un genio. Hay matices. Volvemos a esa raíz puta. Depende de ella y de su capricho genético para elegir padre. Como tantas veces, el resto de mortales no genios-locos, como yo, presumimos de ser guapos como papá, o por el contrario, como algunos, se quejan de ser feos como su papá. En este caso el genio que no está loco es un simple genio, y el loco que no es genio, es eso: un loco más. Y es, básicamente, fruto de la genética, pero también de la magia. O como dijo Séneca:“Ningún genio fue grande sin mezcla de locura”.


Al día siguiente, en mi paseo diario, volví a encontrarme con aquel hombre.


-Ahí está otra vez ese extraño poeta loco.- me dije.-

Caminaba con una botella de vino en la mano y con la otra atusándose las canas. Le seguí hasta que se acostó en un banco del parque en la calle Triana. A la intemperie, sin casa ni perro de compañía, ni estrella que le guiara. Y me puse un poco triste, pero, cuando pasé a su lado, me sonrió. ¡Sí, seguramente me recordaba de ayer! Y entonces continué andando, feliz, porque pensé que, en su mundo de colores inéditos, aquel banco era un castillo donde él era el único Rey.


Y esa fue la última vez que lo vi. El genio, poeta maldito y vagabundo, lleno de cicatrices por dentro, y lleno de pensamientos por fuera. Así es.


Zena Santana 



Zena Santana | Diseñadora gráfica y editorial

lunes, 27 de abril de 2015

El universo de los Onironautas
Elena Escura










Suena el despertador. Lo apagas y sigues durmiendo cinco minutos más. Soñabas con tu abuelo, con tu infancia, con la rodaja de sandía más dulce del mundo. Sin saber cómo, retomas el sueño. Justo en el mismo instante en el que lo dejaste. ¿Te has preguntado alguna vez por qué somos capaces de recuperar algunos sueños? ¿O por qué, en algunos instantes del sueño, un chispazo de consciencia te permite encauzarlo hacia donde tú quieres?

Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Fráncfort ha realizado una investigación acerca de los sueños lúcidos. Por norma general, cuando soñamos, nuestro lóbulo frontal suele permanecer pasivo, es decir, sin actividad cerebral. En cambio, cuando realizamos funciones conscientes, como el razonamiento, se activan las llamadas ondas gamma en esta zona.

El equipo alemán quiso averiguar qué ocurriría si, al soñar, se inducía una corriente con la misma frecuencia de las ondas gamma en el cerebro. Cuando llevaron a cabo su experimento, basándose en una técnica de estimulación transcraneal, los voluntarios que se habían prestado para el test explicaron que habían sido conscientes de lo que estaban soñando. ¿Qué significa ser conscientes durante el sueño? Principalmente, significa que podemos intervenir en nuestro propio sueño, y por tanto, dirigir el contenido de nuestra fantasía hacia donde queramos.

Existen personas que, naturalmente, tienen la capacidad de dirigir sus sueños. Los onironautas son capaces de tomar las riendas en ese universo tan mágico y frágil como es el de nuestras ensoñaciones. ¿Se te ocurre algo más estimulante que tejer y destejer los hilos con los que se fabrican nuestros sueños? Aunque lo interesante de los sueños es, quizás, las sorpresas que nos deparan, también es reconfortante pensar que puedes cambiar el rumbo de una espantosa pesadilla. De hecho, los estudios de Fráncfort suponen una nueva terapia para las personas con estrés postraumático, que a menudo sufren pesadillas en las que reviven una experiencia traumática de forma repetitiva.

Los sueños lúcidos pueden convertirse también en procesos sanadores. Nos pueden ayudar a distanciarnos de las obligaciones de la vida cotidiana, así como a generar autoestima y un aumento de seguridad en nosotros mismos. Si la vida es lo que es, ¿no es todo un descubrimiento saber que los sueños nos pueden ayudar a cambiarla?

Elena Escura







Elena Escura | Escritora y guionista