jueves, 21 de mayo de 2015

Viajar contigo - Elena Escura




¿Has hecho alguna vez las maletas y te has largado, solo, hacia un destino desconocido?


¿Qué significa viajar solo? Viajar solo significa subirse a un tren con un libro, cerrarlo de golpe cuando el sol te acaricia las mejillas y dormirse. Significa retomar el libro una hora después, o dos, y hablar con un desconocido. Significa bajarse de ese tren porque un paisaje te gritó, desde la ventanilla, que lo pisaras, que lo descubrieras. 

Viajar en soledad es improvisar, es dialogar con uno mismo y al minuto siguiente hacerte callar. Es escuchar el silencio de lo nuevo, que muchas veces parece saturado de voz, y comentarios, y observaciones, cuando viajamos en compañía.

A veces tememos aburrirnos en soledad, o sentimos cierta vergüenza de aventurarnos solos en un viaje. ¿Por qué? Dicen que los que viajan solos viven cosas extraordinarias. Y es que uno nunca está solo en un viaje, lo acompaña el mero hecho de descubrir.

Y cuando hablamos de descubrir, no hablamos solamente de los lugares físicos, sino de nuestros propios lugares, nuestros propios gustos. Y es que parece que cuando viajamos solos nos damos cuenta de lo que verdaderamente nos apetece hacer en cada momento. ¿Recuerdas aquel viaje a Roma en el año 99? Imagina por un momento que en vez de madrugar y subirte a ese bus turístico, te quedas durmiendo hasta las once. Imagina que llegas a ese café que viste al bajar del taxi; ese de fachada desconchada, de mesas roídas y cojas, pero donde intuyes que deben preparar el mejor capuccino de Italia. Imagina que pasas de largo el bufé desayuno del hotel para sentarte en la terraza de ese café para, simplemente, mirar a los viandantes. 

A veces, los nuevos lugares se mezclan con las habitaciones secretas de uno mismo, con pequeños cofres cerrados que, repentinamente, se abren con la visión de un nuevo escenario. Y es que, en ocasiones, la soledad es el estado perfecto para abrir cofres y puertas que llevan cerrados mucho tiempo. 

Quizás lo interesante de viajar con uno mismo es que en cierto momento arranca un tímido diálogo con un yo que habíamos olvidado, muy dentro de nosotros. Y empieza entonces a despertar una especie de estado de gracia, un estado dulce y borracho de libertad. Recuerdas que tú también eres ése, el que se duerme flotando en el mar y olvida la hora de comer. Eres también la que echa a caminar en una ciudad desconocida, sin mapa y sin móvil, en un arrebato salvaje de atrevimiento urbano. Eres también el que mira la hora en la terraza del café y descubre sonriente que se ha perdido el tour por el Coliseo. Y también la que roza su mano con la de un desconocido, y sonríe. 

Viajar solo es recapitular, con la paciencia de un artesano, una antigua lista de pequeños placeres olvidados. Es una ventana a uno mismo, y un reto por cumplir. ¿Te atreves?

Elena Escura






Elena Escura | Escritora y guionista



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4 comentarios:

  1. Muy muy muy bueno. Como el escrito anterior de los orinonautas. ¿Para cuándo un libro?

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    1. Muchas gracias!!! Me alegro de que te haya gustado!

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  2. Genial !!! me has hecho soñar despierta con esos viajes solitarios dónde se mezclan experiencias inolvidables y momentos de reflexión... dónde nada está planificado y todo queda por descubrir, una sensación única en la vida que recomiendo a todo el mundo. Hay que armarse de valor desde luego pero la recompensa es volver renovado y con el espíritu repleto de historias vividas...

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    1. Completamente de acuerdo, Valeria! Ha que armarse de valor pero la recompensa es demasiado buena como para dejarla pasar...

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