miércoles, 3 de junio de 2015

Crecimiento
Martinowsky






  En el año 2040 se terminó la peor crisis conocida por el mundo occidental desde 1929. Tras muchos años de paro generalizado y recesión económica, los países africanos de la zona del Sahel y gracias al descubrimiento de la "arenita", material imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles en tres dimensiones, comenzaron a ganar mucho dinero.

Con tanto dinero empezaron a importar productos de todas partes, con lo que empezó a descender el paro en Oriente y Occidente. Así comenzó una nueva era de crecimiento. Las fábricas de coches producían más que nunca porque la gente los compraba como locos. Con tanta demanda, las fábricas no daban a basto y tenían que crear otras nuevas, con lo que el círculo se completaba. Más trabajo significaba más empleados, que ganaban lo suficiente como para comprarse más coches, que originaba más creación de puestos de trabajo y, por lo tanto, más compras de coches.

El círculo vicioso del desempleo se convirtió en el círculo virtuoso del crecimiento económico basado en fabricar más y más cosas. Todo el mundo tenía empleo y podía comprar lo que quisiera.

Pero pronto empezaron los problemas. Primero fueron las carreteras que rodeaban París, donde se formó un atasco tal que los coches no pudieron moverse. Cuando las autoridades prohibieron cualquier acceso a la ciudad en coche, los atascos se fueron extendiendo hacia la periferia. Los fines de semana la gente no podía salir de sus garajes hacia el campo porque el atasco empezaba ya en su propia calle. Se hicieron normales diez y hasta doce horas de retención para llegar a los trabajos. Simplemente no cabían más coches.

El mismo problema se daba en las principales capitales de todo el mundo. Nadie se atrevía a hablar de dejar de producir coches porque significaría el fin de la época de crecimiento y eso costaba muy caro electoralmente. Poco a poco fueron acortándose los plazos obligatorios para renovar los vehículos. Primero cada cinco años, después cada dos, luego cada año, pero todo parecía poco. Se obligó a las familias a tener un coche por cada miembro mayor de catorce años. Más tarde a los mayores de doce, pero fue imposible acceder a la petición de los fabricantes de que hasta los niños de siete años tuvieran el suyo.

Salió la ley de coche obligatorio para todo el mundo, incluso si tenía minusvalías que les impidieran conducir. Pero tampoco eso fue suficiente. Se prohibieron las bicicletas y las motos para hacer sitio y se acortaron las aceras. Más tarde se eliminaron los parques, primero de las ciudades y después del campo.

Cuando se acabó el acero en todo el mundo, los fabricantes empezaron a utilizar el plástico. Cuando escaseaba el plástico, se utilizaba un material a base de hojas de árbol bien apretadas. Cuando se acabó el petróleo, se empezó con la electricidad. El problema no era el combustible ni la materia prima, sino el espacio y la falta de personas. Se empezaba a hablar de número mínimo obligatorio de hijos por familia.

Los expertos se habían equivocado otra vez. El gran atasco, que ellos estimaban para el año 2080, se adelantó, y ya en el 2050, nadie podía moverse. Muchos coches permanecían nuevos y sin estrenar en los garajes porque sus propietarios nunca habían podido estrenarlos.

Lo mismo sucedía con las televisiones y los frigoríficos. La gente se acostumbró a tener una pared llena de televisiones de plasma. Se prohibieron los telemandos. Era obligatorio una tele por cada canal. También se obligó a tener varias en los dormitorios, incluso en las segundas y terceras residencias.

Tampoco dio resultado la medida de modificar cada cinco años el sistema de codificación para que todos tuvieran que cambiar todas las televisiones. Del apagón analógico se pasó al apagón digital, sustituido luego por el nuevo sistema “casi3D”. Se sucedieron los sistemas “casicasi3D” y el “faltaunpoquitinpara 3D”… pero nada era suficiente.

Obligar a las personas a tener un congelador para cada tipo de alimento solucionó, solo en parte, el bajón de ventas del sector de electrodomésticos. Todos buscaban una solución desesperadamente, pero mientras tanto, se detenía a los activistas de un nuevo movimiento político-social que pedía el retorno a los orígenes y a la vida salvaje. Se les consideraba peligrosos “anticonsumistas”.

El sector de la construcción ya no daba más de sí. Tras urbanizar toda la costa y grandes extensiones de las zonas desérticas, surgió un problema. O coches o casas. No cabían las dos cosas. Había que elegir y comenzaron las guerrillas armadas entre los sindicatos de la construcción y del automóvil.

Son las cinco. Mi hora de salir. Menos mal porque estaba empezando a cargarme el planeta. Mañana relataré con todo detalle la forma en la que una humanidad descontrolada comenzó a llenar de basura todo el Sistema Solar.



Martinowsky





  Martinowsky | Filósofo y Escritor




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2 comentarios:

  1. Me ha parecido una crítica muy buena. Sin duda, si seguimos así nos cargaremos lo que tenemos. Enhorabuena al escritor, me ha gustado mucho el texto, con mucha imaginación

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  2. Enhorabuena por el relato. Me gustaron todos los conceptos aplicados al mismo,si efectivamente y por desgracia del mundo, todo indica: un atasco global, sobre producción en el mundo inmobiliario,industrial y burbujas estallando en varios sectores fruto de la especulación.
    Todo lo relatado tiene sentido y es acorde con el mundo de hoy en día.

    Un saludo.

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