viernes, 7 de agosto de 2015

Inmerecido
Elena Gromaz





Aquella noche se libraba uno de los Premios de Novela más importantes de literatura.

Muchos de los participantes habían escrito para pedir más información sobre el tema en cuestión, pero Pedro aquella noche hablando con su amiga Eli, dejó muy claro que él no tenía dudas.

Para él no era difícil escribir y un concurso literario no tenía ningún misterio.

Eli le preguntó qué le inspiraba. Pedro le repetía una y otra vez que solo era lo que él sentía. Eran sus emociones las que le movían a escribir e incluso hasta a veces era la propia escritura la que le obligaba a hablar.

Si necesitaba un amigo allí estaba el papel, que bajo sus lágrimas, le observaba como un compañero fiel.

Para él había cobrado el valor de la felicidad.

Las soluciones a sus problemas eran historias que contar.

Eli le observaba, siempre con mucha paciencia en sus ojos y en su corazón, porque sabía que era un gran ser aquel que se presentaba siempre a sí mismo como diferente a los demás.

Aunque Pedro poseía cualidades para escribir y soltura para expresarse mediante la palabra impresa, no era de los mejores de aquel certamen, para el cual se presentaban todo tipo de personas, algunas con libros ya publicados y otras con otros concursos ganados.

Adelina tenía los ojos oscuros. Su pelo castaño le caía por encima de las cejas y su cuerpecito era frágil como el de una sílfide del norte.

Todos los ratos que libraba, corría velozmente hacia el patio interior de la plaza redonda. Allí cinco minutos después aparecía una señora oronda con un repleto bolso de piel negro y cargándolo un poco más se alejaba de la plazuela con nuestra Adelina cogida del brazo.

Se dirigían al café de estudiantes de diseño cercano allí.

En ese lugar, y rodeados de todo tipo de gente diferente y creativa, todos se entusiasman con la lectura que se hace de los escritos de Adelina.

La mujer se sonríe, cogiéndola de la mano como muestra de su orgullo por ayudarla. No es una muchacha con demasiadas oportunidades, pero sabe aprovechar las que tiene.

Juan Girones es un hombre de sesenta años que decidió escribir tras la muerte de su esposa hace dos lustros. Si no recuerdo mal...
Es un gran detallista.

Lía Shue Tekone es una mujer china cocinera de un restaurante chino, que ha aprendido español. Le gusta escribir sobre su tierra y su narrativa es fresca.

El día del Libramiento de Premios cada uno se levanta a su hora y en su condición se preparan y por la tarde van al certamen. Allí, en el momento justo de comunicar el ganador, todos se alegran.

Uno de todos ellos se ha quedado igual...



Elena Gromaz


Elena Gromaz | Escritora e Ilustradora


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