miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mano de santo
Maite Salmerón




Voy a injertarme varias nacionalidades. Un popurrí de razas y ascendencias. La más increíble mescolanza. Aún sueño con ser rusa, judía, negra, bereber...¿Y algo más? Con ser hombre. Sí, señor. Voy a implantarme un cuerpo de jota, el brazo de un gitano, el corazón grandísimo de un indio sioux y una cabeza de turco, como la de aquel chalado que miraba mi culo cuando exponía mis textos una vez terminados mis estudios. O mejor, la de un centroeuropeo de la primera mitad del siglo XX. A ver si aprenden

Así, todos los días del año serán el día del orgullo de alguna de mis muchas especies, y yo, como un pavo real, saldré por el barrio a mostrar mis variopintos brotes corporales. Esto de aquí me salió en China. Eso de ahí abajo me lo pegaron en Murcia. ¿Y esto? Ah, ni idea de donde viene... No soy de ningún sitio y soy de todas partes. Y como dicen que las verdaderas raíces de nuestra existencia están en el lenguaje, aprendo idiomas con ahínco para que mis rizomas lleguen hasta el cielo

Quiero fundar el más caótico de los bancos de semen que haya existido jamás. Un banco de esperma en el que las noruegas, como yo, se lleven tubitos procedentes de la Provincia Ultramarina de Angola. Las catalanas, como yo, simiente certificada del centro de la Península Ibérica. Denominación de origen, La Meseta. 

¿Y las valenciano-murcianas, como yo misma? Calma. Habrá para todas. Así tal vez ya a nadie se le ocurra pavonearse de que su cultura es la más antigua del planeta. O de que su recontratatarabuelo tenía sangre azul. A ver si con buena voluntad y una pizca de sentido del humor acabamos con el nacionalismo, que es una vergüenza nacional, con el racismo, que es un asco, y con el clasismo, una de las mayores lacras de la sociedad. Solo una duda. ¿Qué hacemos con los demás fanatismos?




Maite Salmerón




 Maite Salmerón | Escritora



lunes, 28 de septiembre de 2015

Kant y los niños
Maite Salmerón




  Si Kant hubiera tenido hijos, otra crítica de la razón hubiese demostrado. No se casó, ni parece que sintiera inquietud, necesidad o carencia alguna en relación con el eterno femenino. Dos veces estuvo a punto de contraer enlace matrimonial, pero ambas ocasiones se malograron sin que sepamos muy bien si fue debido a que lo pensó demasiado o demasiado poco. Sin embargo, se sabe que fue un excelente educador entregado a su función docente. Amaba contactar a diario con gente joven a la que le entusiasmaban su vigor y generosidad intelectuales.


Cuando pasamos irreversibles procesos desilusionados con la vida en los que trepamos por las aristas escarpadas y angulosas de una montaña hostil, muy expuesta al azote de los vientos, urge anclarse a algo. La escritura ayuda. Es una forma de morir y volver a renacer, me dijo Martín. Pero prefiero rodearme de niños. Solo ellos emocionan mi alma. Solo ellos provocan mi apariencia de la felicidad, lo que salta a la vista, lo evidente, lo sensible. Sus miradas limpias, sus sorpresas ante lo desconocido, sus abrazos. Todo en ellos es ilusión.

Y veo a mi sobrino Pau descalzo siempre, salvaje, libre, luchando por intentar ser el malo y el fuerte. Todo lo escala, todo le sorprende. Y veo a Silvia, adornando su mundo de bellas princesas en rosa. Todo lo observa y lo transmuta como si se expresara en lírica. Adoro a Marcos, bello y fuerte como Apolo. Su risa es pletórica y sincera. Expande su energía igual ante una canción, un aspirador o un gato. Tomás se destornilla cuando descubre mi absoluta negación jugando al futbolín mientras Carme me maquilla las uñas una y otra vez. La abrazo, le gusta. Anita, bellísima, utiliza más la inteligencia que la fuerza bruta. Se enrabieta ante lo desconocido. Luego, reflexiona y se enorgullece del éxito conseguido. Inés, sincera y poeta, adora que adorne su mundo con cuentos y mil historias.

Yo soy creyente a pies juntillas de los niños que adornan mis montañas hostiles con sonrisas y carcajadas. Me parece indigno creer razonablemente en otra cosa. A pesar de tanta mierda, siempre hay razones para conseguir esos instantes de felicidad. Por eso estoy aquí, mirándolos y echándolos de menos.




Maite Salmerón




 Maite Salmerón | Escritora



jueves, 24 de septiembre de 2015

Primero derecha. Más allá
Irene Rodríguez




Quiero ser capaz de estar sola, encontrarlo nutritivo,
no una simple espera”
(Susan Sontag)

El día que la señora del Primero Derecha borró el nombre de su marido del letrero del buzón fue arropada por toda la comunidad. Era un hombre muy querido. Y aunque ni su hijo ni nadie de su entorno se acuerde, el Señor Fernández fue enterrado en una ceremonia íntima y emotiva el verano de 2009.

Mamá, en el colegio dicen que si mi padre está muerto es imposible que hable con él por teléfono.

- Te dije que no debías contarle a nadie lo de las llamadas.

- ¿Entonces? ¿Es posible o no?

- Cariño, eso depende de la tarifa que tengas contratada.

El primer domingo de cada mes reciben una llamada del más allá. Lo hacen en el móvil que esconden en una pequeña caja bajo el azulejo suelto de la cocina. Es una conversación de menos de dos minutos. Nunca deben superar esa barrera temporal. Se acostumbraron pronto. El niño contesta: “ El colegio bien. Mamá también. Que no, que no tengo novia.”. La mujer contesta: “La casa bien. El niño también. ¿Pues qué me va a pasar? Me siento sola.” A veces al crío le da tiempo a preguntar si en el más allá se puede volar o si hay patatas fritas de bolsa. La mujer calla lo que realmente piensa: nunca volverán a verse.

Ni madre ni hijo saben donde está el más allá. El gobierno prometió revelarlo en el momento en el que el índice de peligro fuese cero y pudiesen volver a reunirse todos bajo una nueva identidad. Será entonces, tras esa resurrección inicial del padre a los ojos de su hijo, cuando confesarán por fin que papá está vivito y coleando. Que tuvo la suerte de convertirse en el único testigo del peor ajuste de cuentas que haya presenciado la capital desde que existen archivos criminales

- Mamá, en el colegio me han dicho que eso de la tarifa es un cuento, que con los muertos no se puede hablar aunque tengas llamadas y datos ilimitados y que…

- Te juro que como vuelvas a sacar ese tema te mando con tu padre al más allá.

Hace tiempo que la señora del Primero Derecha empezó a estar sobrepasada. Mientras su marido viaja por el mundo con su cara nueva y un nombre exótico, ella sigue siendo la solitaria viuda de Fernando Fernández. Pero las directrices gubernamentales eran claras: ningún contacto durante el primer año, pasar el duelo de la manera más expresiva posible y ante preguntas incómodas que respondan las lágrimas. Ni Meryl Streep lo hubiera hecho mejor. Ya querría ella ver a la propia Meryl aguantando el papelón durante dos mil ciento noventa días.

Incapacitada para la soledad y la espera, harta de poner a punto las lágrimas amarillas oxidadas por el tiempo siempre que alguien le recuerda su desgracia, acude cada lunes a la Oficina de Secretos del Tercero Derecha. Se asegura de que su secreto está a buen recaudo y suplica que le dejen echar un vistazo a los demás documentos clasificados del edificio. Necesita conocer los reveses, bofetadas y cicatrices que esconde tan impecable fachada. ¿De verdad sus vecinos son tan ideales?

Nunca obtiene respuesta. Así que espera.

Sí. Espera.

Lo hace alimentando su rutina con la esperanza de asistir a un cruel asesinato que le premie con una nueva identidad y un billete a miles de kilómetros de allí. Pero, como le dice siempre al Señor B cuando coinciden en el descansillo: “En este barrio nunca pasa nada de nada ¿no cree?”.



Irene Rodríguez




 Irene Rodríguez | Colaboradora de Dech



viernes, 18 de septiembre de 2015

Incalculable valor
María Dorado




  Un niño de 8 años llega a casa triste, con preocupación sobre algo que le ha ocurrido en la escuela. Su padre al ver su rostro cabizbajo, le pregunta al instante:
-Hijo, ¿estás bien?
-Papá, un niño de clase me ha dicho que su reloj es mejor que el mío…
-Y eso ¿por qué?
-Dice que su padre se lo trajo de Nueva York y es muy caro…
- Dime una cosa hijo, ¿el reloj de ese niño tiene las mismas horas que el tuyo?
-Sí, tiene 12.
-¿Las agujas del reloj giran en la misma dirección que el tuyo?
-Sí…
- Entonces tu tiempo vale igual que su tiempo en cualquier parte del mundo. Se podrá comprar mil relojes, pero jamás podrá comprar más horas del día.
- Pero papá, entonces… ¿Por qué dice que es mejor que el mío?
-Porque valora las cosas por su precio y no por su significado...

Etiquetamos a las personas entre ricos y pobres, por su valor en dinero. Por lo que llevan puesto, por sus pertenencias materiales, si tiene más o tiene menos… Sin saber que solo son prejuicios y valores falsos que nos imponen e inculcan desde pequeños. 

La televisión, la publicidad, los mensajes subliminales a todas horas nos explotan en la cara con las mejores marcas... “Tanto tienes, tanto vales”, ese es el lema de este mundo actual capitalista, clasista y superficial en el que vivimos. Así nos han enseñado y así se originan las guerras de clases, los desprecios, el racismo.
Esa mujer despechada, que solo cruza dos palabras con su marido en casa, pero se funde la tarjeta de crédito en bolsos, zapatos, vestidos, joyas, para llenar ese vacío y buscar la felicidad en lo material. 

Algún día espero que la gente entienda que las cosas que sobran no pueden llenar el vacío de las que faltan. Porque luego ese niño crece y se transforma en un incompetente cínico y materialista que se cree mejor que tú por llevar un Rolex. Solo hay que dejar de valorar las cosas por su precio y empezar a valorarlas por el significado que tiene en ti.


Los pequeños detalles y no las grandes cosas... De eso se trata.


 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera




viernes, 11 de septiembre de 2015

El mundo al revés
María de la Cruz Rubio




Pongámonos en el lugar de un geógrafo o de un cartógrafo que quiere hacer un mapa mundo. Nuestro planeta es una esfera achatada por los polos, un geoide. Si tomamos una naranja, la pelamos e intentamos extender su piel para formar un rectángulo, comprenderemos que la tarea no es sencilla. La realidad no puede estar ahí sin deformarse un poco. Para representar la superficie de la Tierra se utilizan proyecciones, que intentan reflejar el área, ángulos, formas y distancias. Existen más de 400 versiones de lo que es nuestro mundo y ninguna representa la realidad de manera precisa, alguno de esos aspectos tiene que quedar por el camino, dependiendo de la finalidad del mapa. 

El mapa que todos conocemos, el que estaba colgado en la pared de cada escuela, es el Mapa de Mercator. Fue una proyección pensada para la navegación marítima, que presenta dos deformidades principales: 

- En primer lugar, estira los polos en horizontal para que ocupen todo el mapa. Para no perder la forma de los continentes, estira estos en vertical también. Es útil para la navegación, ya que permite trazar los rumbos como una recta. Pero supone una modificación del tamaño de cada territorio

- En una modificación posterior al original mapa, la línea del ecuador no se sitúa en el medio, sino bastante más al sur. Se recorta el mapa por abajo, donde la única tierra que encontraremos será la Antártida, una zona que no se va a utilizar en algunos contextos. Esto desplaza territorios del hemisferio norte, que aparecen más centrados de lo que realmente están. 

Esta proyección ha sido muy criticada. El motivo es que al ensanchar la zona del norte y darle prioridad, los continentes pierden sus proporciones. Estamos contemplando un mundo donde Groenlandia ocupa casi el mismo espacio que África (que en la realidad es 14 veces más grande), o donde la extensión de Europa y Sudamérica aparentan ser similares (y el segundo tiene 7000 km² más). Sitúa en el centro del mundo a Norteamérica y a Europa, dándoles mayor espacio que el que en realidad ocupan, algo que en un mundo eurocentrista y de dominación estadounidense fue visto con buenos ojos y por ello este fue el mapa elegido para colgar cada pared de cada colegio. 

En 1974 Arno Peters hace su propuesta, una modificación de la proyección de James Galls de 1885. Peters criticó el mapa de Mercator por perpetuar una idea occidentalcentrista de la realidad geográfica del mundo. Tomó la versión de Galls, un clérigo astrónomo que proyectó la esfera celeste a papel y, usando la misma técnica, hizo lo mismo con la esfera terrestre. 

Peters era cineasta y especialista en Historia y Propaganda Política. Es curioso que una persona que no provenía del ámbito científico vendiera su mapa tan bien, tanto que la ONU y muchas ONGs lo definieron como “solidario”, por respetar las dimensiones de los países y los continentes, dando el espacio que corresponde a África o Sudamérica. Pero también se criticó duramente por parte de la comunidad cartógrafa, que lo consideraba más ideológico que científico, ya que modificaba las formas de los continentes para mantener su tamaño. Si lo observamos nos resulta extraño, los continentes están estirados y no se corresponde con lo que podemos ver en un globo terráqueo o en una vista de nuestro planeta desde el espacio. 

La proyección de Gall-Peters tiene la virtud de darnos una visión diferente de nuestro mundo, relativizarlo y contextualizar las representaciones del mismo. Hay voces en los países del hemisferio sur que defienden un mapa dado la vuelta, donde el sur se encuentre arriba y el norte abajo, un mundo al revés. ¿Por qué no? 

Hoy las escuelas tienen recursos digitales para pueden incluir la multidimensionalidad en la representación de la realidad. Aunque a veces todo es tan sencillo como comprar un globo terráqueo.


María de la Cruz Rubio


 María de la Cruz Rubio Técnico de Formación & Formadora


viernes, 4 de septiembre de 2015

Dos de azúcar en el café
Desirée Fernández




¿Cuál es la segunda bebida más consumida en el mundo? Pues no es otra que la del oro amargo llamado café (la primera es el agua). Se dice que el café fue descubierto por las cabras. Como lo leéis, un pastor comenzó a preocuparse al ver que sus animales se comportaban de una forma muy extraña, estaban muy alterados e hiperactivos. Un día se dio cuenta de que las cabras comían unos frutos pequeños y oscuros que podían ser los causantes de ese comportamiento, por lo que decidió probarlos y entonces experimentó su efecto

Existe otra leyenda que cuenta que el café era considerado “la bebida del demonio” por lo que algunos fanáticos pidieron al papa del momento que lo prohibiera. El pontífice antes de ejecutar dicha orden, lo probó, y tras saborearlo dijo: “Es una bebida tan deliciosa que sería un pecado permitir que solo la bebieran los herejes”. 

Para gran parte de las personas, empezar el día sin una buena taza de café parece inconcebible. Ya sea por la cafeína o por su efecto psicológico (que nos vuelve adictos), tomarse esta bebida al empezar el día como costumbre provoca que en su ausencia nuestro comienzo de la jornada se trunque. Según el doctor Marc Leavey, “empezamos a sentirnos mentalmente más despiertos unos 30 minutos después de tomar café, aunque estos efectos desaparecen a las pocas horas” Pero como en todo, no hay que abusar de ello, ya que el exceso de cafeína puede sobrecargar nuestro sistema y hacernos perder esa capacidad de concentración provocandonos nervios y ansiedad. 

En Europa, al principio de su llegada, se le comenzó a llamar “el vino árabe” debido a su historia lingüística. La palabra “café” proviene originariamente del árabe "qahhwat al-bun" o “vino del grano”. Esto pasó a ser “qahwah”, que se transformó en “kahveh” en Turquía y, al final, se convirtió en “koffie” en holandés y “caffe” en italiano. Este “vino árabe” solemos tomarlo en una taza, la cual sostenemos con un platito, pero ¿cuál es el origen de este acompañamiento? Parece ser que en torno al siglo XVIII, la gente solía beber café del platito que ahora simplemente se usa para sostener la taza y la cucharilla. En aquella época, estos platos eran bastante más hondos, y su superficie amplia hacía que el café se enfriara mucho más rápido. Por lo que el platito hacía de sustituto a los soplos que damos ahora al tener entre nuestras manos la taza con el café recién hecho. 

Muchos son los usos, a parte del alimentario, que se le dan al café. Por ejemplo, existen diversos artistas que emplean el café en sus distintas formas para hacer obras (Giulia Bernardelli, Zach Yonzon…); se utiliza como fertilizante en jardines gracias a su alto contenido en nitrógeno; sirve como “herramienta” socializadora al reunir a personas con la excusa de “¿Tomamos un café?”; también como estimulador sexual o como vía de solidaridad con el café –sospeso- nacido en Nápoles y extendido internacionalmente en la actualidad. El café sospeso (pendiente en italiano) consiste en dejar un café pagado para otra persona que lo necesite y no pueda pagarlo. 

Amado por muchos y repudiado por otros, el café sigue siendo el rey de la sobremesa, y como dijo el gran Groucho Marx: “Todo el mundo debería creer en algo. Creo que voy a tomar otro café”.


Desirée Fernández Corrales



Desirée Fernández | Pedagoga



miércoles, 2 de septiembre de 2015

El sentir de un ser inerte
María Dorado




Clara, sutil con un leve soplido, o pesada como los lunes por la mañana, tenue y pasiva, silenciosa y hasta a veces juguetona, útil en su maniobra, sencilla e incluso maleable. Desconocía el motivo de su existencia, algunos la usaban para hacer daño, otros simplemente tropezaban ante su distracción.

Nunca entendió por qué despertaba tanto malestar, rencor o incluso tristeza en algunos individuos. La pateaban y descargaban en ella su impetuosidad haciéndola añicos. Se perdía en fragmentos muy pequeños que, luego algún otro, usaba para cualquier otro juego divertido en el que perdía o ganaba y, otra vez, extraviada entre tanta confusión. No podía encariñarse con nadie, porque nadie le hacía sentir dichosa. Su forma arbitraria cambiaba sin cesar, ni ella misma se reconocía entre la turba constante de paseantes, que hacían de ella un ser desvalido y desarmado.

Una mañana, cuando el alba se entintó de rubí, un hombre la tomó con sus manos, acarició el alabeo de su figura y guardó con mimo en una caja de latón. Una caja llena de siluetas tan peculiares y afines a ella. De muchos colores, de tacto desabrido o sedoso y tamaños dispares. Entre tanto daño sufrido con los años, se sentía a salvo. La contradicción de estar encerrada y sentirse libre era un sentimiento que nunca habría imaginado palpar. Sus otras compañeras de viaje en cambio, estaban atemorizadas. Chocaban unas con otras para llamar su atención, pero nunca imaginarían que su destino final sería cuanto menos sorprendente.

Sin saber cómo, Clara se fundió entre sus compañeras formando un todo. Ella era bella por sí misma, pero aquello era pura divinidad. Un conjunto de finura y perfección que unas manos habían tallado con tanto cariño como aquel que nunca había recibido. Clara por tanto, entendió que la diferencia no estaba en ella, sino en el hombre.

El que anda distraído, tropieza con ella. El violento la utiliza como un arma peligrosa, el niño la usa como un juguete, el campesino para descansar sobre ella y el emprendedor para hacer la escultura más linda jamás vista. 

Porque no existe piedra en tu camino que no puedas emplear para tu propio crecimiento, solo hay que darle un sentido, el tuyo.  


María Dorado

 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera