martes, 19 de enero de 2016

‘La Novia’ aviva la poética lorquiana
Alba Ferrera





  El periodismo no es objetivo. Se rige por la honestidad de quien, bajo su pluma, se declara culpable. Para inocentes las letras muertas de quienes escriben sin manifestar emoción alguna. Por ello, sería injusto empezar a vomitar palabras sin hacer antes una confesión obligada. Inma Cuesta es una de las actrices españolas con más talento de nuestro cine. A partir de aquí, juzguen como quieran las letras que siguen.
No es fácil atravesar el incrédulo corazón del público. Ella lo hace como si cada palabra suya fuera un puñal, pequeñas pero incesantes dagas que atraviesan la retina para cegarnos de luz. La interpretación de su último personaje, La Novia, la convierte en merecida candidata al Goya como Mejor Actriz. No lo ha conseguido sola, desde luego. La banda sonora o la fotografía son ejes principales que adquieren vida propia en una historia sin fin. Ni que decir tiene el talentoso elenco que la forma. La película de Paula Ortiz es más que favorita por sus 12 nominaciones. Lo que resulte de todo ello poco me importa ahora. Y lo que cambia desde entonces, ellos y ellas sabrán.
Pero esto va de ellas, las grandes protagonistas. Paula Ortiz enfoca magistralmente los personajes femeninos de Bodas de Sangre, la maravillosa tragedia en verso y prosa de nuestro querido Federico García Lorca. Con motivo del 80 aniversario de su muerte y las múltiples nominaciones a las que opta la película, un conjunto de actores y actrices han tenido el acierto de homenajear al poeta, también, a través de la lectura dramatizada de su obra. "Los clásicos son un faro, cada vez que dan una vuelta vuelven a iluminar una zona oscura del alma"; no había mejor forma de comenzar el acto. Paula Ortiz logró conmover a una sala abarrotada del Instituto Cervantes, la cual aguardaba con paciencia las letras del maestro. Pero, antes, rompió la primera ovación, cuando la palabra fue a parar en la voz de la sobrina del dramaturgo, Laura García-Lorca, quien describió la cinta como fiel reflejo de la poética lorquiana.
"Voy a hablar en femenino si no os importa. Llegaron media hora antes que vosotros/as para leer y dar vida a estas bodas de sangre". Y no mintió su directora. Fue entonces cuando se hizo la magia a través de cada interpretación. Una magia que no necesitó efectos especiales ni banda sonora, sólo drama, canalizado en la garganta de nuestras generosas artistas, que desnudaron también su alma. Una lectura improvisada a ratos que no restó encanto por ello.
Leonardo — Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque!
Novia (Temblando) — No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra, y sé que me ahogo, pero voy detrás.
Qué puedo deciros, aquello también era magia. Los aplausos arrancaban solos desde un público entregado y agradecido. La ovación se repetía. Ojalá pudiera decir que no fue para tanto, pero lo fue. Ayudaron un sinfín de actrices y actores del elenco de la película y compañeras/os de profesión. Por ejemplo, fueron varias las novias que pudimos sentir, terminando el acto con Inma Cuesta, como no podía ser de otro modo. Se repitió la misma fórmula en el resto de personajes, sorprendiendo la entrega con la que hacían suyo el breve papel. Nudo en la garganta confeso, la poética lorquiana planeó sobre las cabezas de quienes creyeron sentirse personas afortunadas.
HAY DOS TIPOS DE ARTE: UNO QUE SE QUEDA EN LA RETINA Y OTRO QUE LA TRASPASA Y VA DIRECTAMENTE AL ESTÓMAGO.

Así sentía también todo aquello, desde las entrañas. Mi cámara y compañero describió mejor que nadie el momento vivido, alentado por una lección de arte que nunca olvidaría. Él también es artista. Decía Lorca que la poesía es algo que debe sentirse, no pensarse. Hoy estaría orgulloso de saber que supieron ahogar sus letras en lágrimas para sentir la tragedia. Por La Novia.

Alba Ferrera | Escritora 

jueves, 7 de enero de 2016

El roscón de Reyes
María Dorado


Hola buenas tardes y felices Reyes Magos de Oriente. Hoy vengo a hablaros del marginado, arrinconado, postergado y asqueroso mundo de la fruta escarchada del Roscón de Reyes.

Después de tener una acalorada trifulca casera con mi madre al partir una mijina de roscón y arrancar dicha inmundicia pegajosa y colorida de la parte superior, con su correspondiente comentario quisquilloso que me caracteriza: "Si supieran la cantidad de dinero que se ahorrarían si quitaran la fruta escarchada, la vida sería de otro color". A lo que mi madre ha contestado: "Claro, van a quitar la fruta porque a tí no te guste, es una tradición". A lo cual yo he contestado: "También es tradición en este país tirar a una cabra desde un campanario, o tirarle lanzas a un toro y no por eso lo tengo que respetar", y ya mi madre me ha mandado a freír espárragos, por pesada.

La fruta escarchada.... ¿Quién decidió escarchar la fruta?, seguro que la fruta no. Porque si hubiera tenido ese poder de decisión sobre sí misma hubiera elegido ser un caramelito o un añadido en una preciosa tarta o gin tonic. (Que a los gin tonics se les echa de todo, como la ensaladilla rusa)

Queridos Rosconeros, ¿habéis cavilado o considerado la posibilidad de no poner nada o en su defecto poner algo que guste al paladar? ¿Sabéis la cantidad de dinero y dignidad de frutas inocentes que os ahorraríais? Pues ya os lo digo yo, un montón. Basta ya de fruta escarchada en los roscones, basta ya de tanta cochambre obscena para nuestro apetito en estas fechas tan señaladas, basta ya de tanta fuente calórica directa al trasero. Desde aquí, desde este humilde foco de lamentos particularmente racional, digo: ¡No a la fruta escarchada del Roscón!

P.D: Un minuto de silencio por todos esos pedacitos de fruta escarchada que están en el fondo de la caja del roscón, arrinconados en las esquinas como un cachorrito asustado en la puerta del veterinario o como esa croqueta de la vergüenza que nadie se atreve a coger.
 
Amén.

María Dorado


 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera