viernes, 17 de marzo de 2017

Decadencia - Celia Racero



Decadencia, proceso de debilitación o pérdida de la plenitud. Un significado tan simple como este muestra el diccionario, pero en realidad es mucho más. 

Mira a tu alrededor y atrévete a decir que hemos avanzado. Atrévete a decir que la educación ha mejorado. Que los jóvenes de dieciocho años salen preparados del instituto para enfrentarse a la vida o que los niños cada vez tienen mayor capacidad de aprendizaje y nivel de cultura. 

Permanecer sentados en un pupitre durante siete u ocho horas diarias y cuando finaliza la jornada escolar llegar a sus casas para realizar tareas o deberes sin cesar, durante tres horas sin apenas tener tiempo para jugar. Eso es lo que hoy llaman una educación avanzada.

Después de tres años de preescolar y seis de primaria llega el instituto. El instituto, aquel lugar donde te enseñan a ser una persona de provecho. No existe mayor mentira. 

Está bien aprender a dividir o resolver una ecuación. Está bien aprender quienes fueron nuestros antepasados. Está bien saber hacer un comentario de texto. Y está bien aprender los verbos en inglés. Todo ello servirá en un futuro, no lo niego. Pero muchas veces se da demasiada importancia a un examen en el que pones en práctica tu capacidad de memorizar la teoría o fórmulas matemáticas para que al cabo de tres meses no nos acordemos de nada y nos olvidamos del arma que verdaderamente nos enseñará a resolver todo tipo de problemas o luchar por aquello que tanto deseamos: la inteligencia emocional

No nos deberían enseñar a tener mayor capacidad de asimilación de contenidos, sino a ser más inteligentes emocionalmente.

Es triste ver como algunos adolescentes faltan el respeto a sus compañeros, profesores y padres, mientras estos adultos miran hacia otro lado. Es triste ver que hoy en día sigue existiendo el acoso escolar y aún no se toman medidas suficientes para ello. Es triste ver cómo adolescentes o jóvenes adultos sufren depresión porque no les enseñaron desde niños a gestionar sus emociones. Es triste ver cómo jóvenes de veinte años aún no saben qué hacer con sus vidas porque se sienten desmotivados o no tienen la economía suficiente como para costear unos estudios. Es triste ver cómo personas que podrían llegar a ser genios o artistas no son capaces de potenciar sus habilidades porque en el instituto les hicieron sentir como el bicho raro

Atrévete a decir que cada vez hay más trabajo. Si cada vez hay más jóvenes en paro o con contratos basura. Incluso personas de ochenta años haciendo alguna que otra chapuza para que sus hijos o nietos se alimenten cada día. 

Atrévete a decir que la sanidad pública también ha avanzado. Actualmente, existen nuevos remedios para evitar o paliar enfermedades que antes no tenían cura. Pero las listas de espera para acudir a un especialista aumentan. Las trabajadoras y trabajadores de los hospitales están saturados por la falta de personal. Y, sobre todo, pacientes que luchan contra su enfermedad, pierden la batalla por no haber sido atendidos desde el primer momento.

Publica una foto de un lazo en todas tus redes sociales el día mundial del cáncer o un lazo rojo en el día mundial de la lucha contra el SIDA si así crees que estas enfermedades se curarán. En el fondo sabes que no servirá de nada si aún se sigue votando a partidos que recortan en sanidad e investigación.

Engáñate y di que la desigualdad de género está dejando de existir. Si algunas personas se escandalizan cuando ven a una mujer con un vestido corto en pleno agosto o cuando opta por vivir sola en un quinto piso sin ascensor. 

A veces no nos gusta reconocer que aún sentimos temor al caminar solas por las calles a altas horas de la madrugada. Sabemos que, si acudimos a una fiesta con aquel vestido rojo ceñido al cuerpo que tanto nos gusta, algún piropo grosero caerá y para colmo, alguien nos dirá: si no quieres soportar esa clase de comentarios no vistas de esta manera. 

Nos escandalizamos cuando vemos en las noticias que otra vez ha vuelto a ocurrir, otra persona asesinada o agredida por violencia de género. Cuando pasan un par de días, aquella noticia deja de tener valor y peso. Tan sólo será un número más entre las estadísticas de víctimas de violencia machista y hembrista. 

Presume de nuestra multiculturalidad, si cuando algunos ven a una persona de tez oscura esconden el bolso. Incluso se sigue escuchando la típica frase: vienen a quitarnos nuestros puestos de trabajo. Puestos que apenas interesaban a los españoles hace unos años. 

Da vergüenza ver cómo en algunos casos, no se acepta que otras personas vengan en busca de ayuda. Huyendo de la guerra y el hambre. Cuando en el siglo pasado durante la Guerra Civil, los refugiados fuimos nosotros.

Todo el mundo es consciente de ello, pero es más sencillo mirar hacia otro lado. Plantemos entre todos nuestro granito de arena para que al menos dentro de veinte años nuestros descendientes puedan disfrutar de una España mejor. De una España que logró liberarse de la decadencia.


Celia Racero | Escritora y Técnica en Integración Social



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