viernes, 17 de marzo de 2017

Los tiempos - Martinowsky



Hay un tiempo para ver el bosque y otro para detenerse en cada árbol. Hay un tiempo para planificar y otro para realizar, de la misma forma que hay un tiempo para ver el cielo en su conjunto y otro para fijarse en los objetos que contiene. En fin, hay un tiempo para el análisis y otro para la síntesis.

Digo esto porque, tras diseñar la mesa de operaciones (el estudio), es tiempo de ponerse manos a la obra y empezar a trabajar (estudiar). Lo contrario sería convertirse en una de las variedades más peligrosas (y pesadas) de filósofos, aquellos que se pasan la vida discutiendo sobre qué es filosofía sin entrar nunca en temas concretos. 

Hay una fase en la preparación de la cueva en la que se piensa qué hacer en cada lugar cuando esté terminada. Aquí leeré y aquí me reuniré con los amigos, aquí cenaré, aquí veré la televisión. Uno se imagina un futuro de actividades y pone los medios para realizarlas. 

Pero, ¿qué pasa luego cuando ya está todo listo? Aunque ya se sabe que las casas, como la escritura de un libro,  no se terminan sino que se abandonan, también se sabe que, tras una liga, el campeón sufre el síndrome del “¿y ahora qué?”. Y que conseguir lo que uno se propone produce un vacío existencial que, a muchos, les conduce a la depresión. Por eso es tan sabio el consejo de “ten cuidado con lo que deseas, porque corres el peligro de conseguirlo”.

Yo voy a defenderme de este peligro con mi método tradicional (de eficacia probada mil veces) de dejarlo todo a medias. Así siempre tendré tareas pendientes para los cansancios en el viaje. El título de esta etapa de mi biografía podría ser: “un obsesivo en busca de una obsesión” o esta otra “Envejecemos cuando dejamos de tener proyectos”. 

De momento, y cuando todavía tengo toda la cueva cogida con alfileres y apenas he terminado de apuntalar los espacios, voy a ponerme a bucear en el misterioso (y apasionante) asunto del origen de las angiospermas, así como las enigmáticas relaciones entre las venenosas solanáceas y las convolvuláceas, sobre las que quiero aportar algo, aunque solo sea por la de tiempo que llevo con el asunto. El resto de las tareas quedan pendientes para el futuro, no sea que las termine. 


 Martinowsky | Filósofo y Escritor


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