miércoles, 15 de noviembre de 2017

La carrera - Nando Pilgrim




Callejear por la parte vieja de la ciudad siempre era un placer. De día en invierno, aprovechando la clara luz del sol y la pureza del azul del cielo, o de noche en verano, recorriendo calle a calle la historia de los balcones y las casas antiguas acompañado de la brisa fresca de la madrugada.

Había días en que Pepito, antes de volver a casa después de haber estado toda la tarde jugando con sus amigos en la plaza, molestando a todo el que pasaba con sus gritos y sus pelotazos, se daba un paseo por esa zona que tanto le gustaba.

Aunque a veces se tenía que encontrar con ellos, los gitanos. Pepito les tenía mucho miedo desde que una vez se encontró por la calle con dos chicos mayores que él y le robaron el balón y le empujaron al suelo, haciéndole caer. Sus padres le habían dicho muchas veces que no tenía importancia, pero él seguía con ese temor a encontrarse con alguno por la calle, sobre todo si  iba solo.
Como ese día.

Allí estaba, en una esquina, como si estuviera esperándole. Pepito ni se lo pensó: echó a correr calle abajo como un poseso mientras escuchaba como el gitano le perseguía gritándole que se parase, pero él, evidentemente, no le iba a hacer ningún caso. Corrió y corrió por casi toda la ciudad pero su perseguidor era más resistente que él e igual de veloz. No había manera de dejarle atrás. Pepito empezó a sentirse agotado, a notar como sus piernas le iban a fallar de un momento a otro. Empezó a sentir que sus miedos se iban a hacer realidad y que sería alcanzado de un momento a otro. Entonces pensó en lo peor que le podría pasar; quizá le pegara algún coscorrón, o intentara robarle el poco dinero que llevaba encima para chucherías y después simplemente se burlaría de él. No podía más.

Decidió hacerle frente y asumir las consecuencias, fueran las que fuesen.

̶ ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me persigues? ¡Déjame en paz!

Miró al suelo, sus zapatillas estaban casi rotas ya, mientras que el gitano iba descalzo.

Para su sorpresa, éste se rió abiertamente.
̶ ¡Hombre, ya era hora! Pensaba que nunca ibas a ser un poco valiente.

Y guiñándole un ojo sin dejar de sonreír burlonamente, dio media vuelta y se marchó.

José se despertó empapado en sudor tras haber sufrido otra vez la misma pesadilla, y pensó que si de verdad quería poner algo de orden en su vida y tomar las riendas quizá tenía que afrontar sus miedos de una vez por todas y asumir las consecuencias. 


 Nando Pilgrim | Escritor



viernes, 3 de noviembre de 2017

Libros salvavidas - Sandra Bermejo




Hay libros que al leerlos te salvan la vida, o de ella, no sé. Le ponen voz y palabras a aquello que tú no sabes explicar, pero que te está pasando, y, sin embargo, no puedes nombrarlo. Y por ende, entonces, parece que no existe.

Hay libros (y canciones) que le dan forma a lo que hay dentro de ti, permitiéndote ponerlo fuera para que duela un poco menos.
Hay libros (y sonrisas) para quedarse a vivir. Hay historias que se escriben a la vez que tú. Hay versos que te pertenecen, que parece que los han escrito para ti.

Hay libros que te leen, en vez de leerlos tú a ellos. Que te atraviesan y se instalan en tu pecho, generando un baile y una explosión de serpentinas de colores.

Hay libros que son tan eternos que, aunque pasen diez siglos, te sigues viendo reflejado en ellos. Como si se hubiese congelado el tiempo. Como si el pasado fuese hoy.
Hay libros que te hacen soñar, tan fuerte que parece que se va a hacer realidad. Tanto que en vez de dormir pasas noches enteras entre sus páginas.

Hay libros con los que te vas de viaje y otros que son un viaje en sí mismos. Das la vuelta al mundo sin ni siquiera salir de tu habitación. Cuando vuelves de ellos todo es igual, pero nada es lo mismo.


Hay libros que, dicen que, son como espejos. Donde te miras y te ves. Donde encuentras aquello que está escondido en los lugares más recónditos de tu ser.  

Hay libros que son amor. De los que te enamoras y en los que te enamoras. Una y otra vez, porque sabes que nunca van a romperte el corazón.

Hay libros que parece que te los regalaron en otra vida pero, aun así, siguen formando parte de esta. Son los libros herida o libros cicatriz, te ayudan a no olvidar quien fuiste y quien no quieres ser.
Hay libros que tienen la primera página arrancada, y otros que la tienen garabateada de amor y promesas, de esas que no se suelen cumplir. Junto a una fecha que, en realidad, era de caducidad. 

Hay libros que te dan alas o sueltan las cadenas con las que están atadas las tuyas. Te recuerdan quién eres y dónde quieres llegar.

Hay libros que son el mejor regalo que le puedes hacer a alguien cuando te das cuenta de que lo escribieron para él, para salvarle del desastre, del naufragio o de sí mismo. 
Libros salvavidas. A los que puedes aferrarte para salir a flote o para no hundirte. En los que te pierdes y te encuentras. Dan sentido a tus abismos. Y menos mal.



 Sandra Bermejo Psicóloga