miércoles, 4 de abril de 2018

Claudio Hernández - El curioso caso del señor Carl Farmer





La mente humana esconde secretos que todavía hoy no han sido desvelados. Se conoce el efecto placebo o los llamados poderes mentales como la Telepatía, Telequinesia, Precognición o visión Remota entre otras cosas. Hay veces, en que el propio cerebro activa un filtro y ocurre una combustión espontánea. También está los hipocondriacos, capaces de crear una enfermedad que no existe. Y a todo esto ni los científicos ni los Psicólogos y sumo a los Psiquiatras Forenses, no saben dar una explicación exacta.

He aquí, que se ha llegado más lejos y de qué forma, tan inquietante como si la tierra dejara de dar vueltas.

Normalmente, cuando escribo las historias debo hacer un pequeño croquis de la misma antes de empezar para que todo cuadre bien y salga algo bonito. En este caso solo me limito a repetir una vieja historia clásica en Boad Hill que va de generación en generación y de boca en boca. Se trata del caso del señor Carl Farmer. Tan rápido como he dicho su título así será de corta su historia.

Intensamente enamorados, Carl y Emma se juraron que el amor sería hasta después de la muerte, y así fue. Una tarde de verano cualquiera, con su respectivo calor, Carl Farmer, que padecía del corazón, falleció en el acto. Cayó al suelo de forma fulminante y, en un catacrack casi estruendoso, su cuerpo rechoncho quedó estirado en el suelo. Emma, que estaba postrada en la cama, inválida, no podía más que mover un poco la cabeza y echarse a llorar. No podía hablar así, cuando menos pedir auxilio. Su marido era la única ayuda para ella en los últimos diez años. El cuerpo sin vida de su esposo distaba unos dos metros de la cama y la puerta del hogar de los Farmer estaba a siete metros.

De modo que la pobre Emma estaba condenada a morirse en silencio de inanición ese fatídico verano si nadie se percataba de la ausencia del señor Farmer en cualquiera de los lugares del pueblo donde solía hacer la compra de la semana. Pero los Farmer solían pasar largas temporadas en casa sin salir de ella. De modo que nadie les echó en falta durante los días que duró la tragicomedia.

Un día después, la vista de Emma alcanzó a ver que el cuerpo inerte de su esposo estaba a un metro de la cama. Mucho más cerca de cuando cayó fulminado al suelo. Eso le sobrecogió y alivió al mismo tiempo. Dos días después, el hediondo cuerpo de Farmer ya estaba casi al lado de la cama, en dirección a la puerta de salida. Emma solo podía llorar y llorar, pero creía haber muerto ella también porque estaba como en un sueño. Su ángel de la guarda, en este caso el señor Farmer estaba con ella. Pero no era un despertar y ya está, todo sucedía en realidad. Al tercer día, el fétido cuerpo ya estaba encaramado hacia la puerta, le faltaban cinco metros. De modo que necesitó que pasaran cinco días más hasta que el putrefacto cadáver llegara hasta la puerta y otro día más hasta que sus huesudos dedos ahora tras la hinchazón pudieran abrir la manivela de la misma para salir afuera. Al día siguiente de esto, medio brazo en la entrepuerta dio el grito de alarma.

Y así fue como una semana después de la muerte del señor Carl Farmer se descubriera a la señora Emma deshidratada en su lecho de cama. Lo sé, suena absurdo, pero así lo cuentan los viejos del pueblo y hasta ha llegado a la ciudad. Yo aquí lo añado porque a veces el amor es tan intenso que va más allá de la vida misma.
Y sí, me creo la historia.

Al fin y al cabo, todo cabe en una mente abierta.







Claudio Hernández - Escritor, Periodista, Dibujante, Ingeniero de Telecomunicaciones y experto en Ciberseguridad.
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